Un asteroide de aproximadamente 160 metros de diámetro impactó el mar del Norte durante el Eoceno medio, hace entre 43 y 46 millones de años, creando un cráter submarino conocido como Silverpit, localizado a unos 700 metros bajo el nivel actual del mar.
El impacto ocurrió a velocidad hipersónica, vaporizando tanto el agua como las rocas en el punto de colisión. Este proceso expulsó una nube de escombros y agua a una altura de aproximadamente 1,5 kilómetros.
Al colapsar dicha columna, se generó un megatsunami cuya altura superó los 100 metros, equivalente a más de treinta pisos de un edificio moderno.
Según modelos científicos, la energía liberada fue comparable a la de miles de bombas nucleares, y si un evento similar ocurriera hoy, inundaría completamente las principales ciudades costeras bajo decenas de metros de agua.
El cráter Silverpit presenta un diámetro central de 3,2 kilómetros, rodeado por estructuras de fractura que se extienden hasta 20 kilómetros desde el epicentro. Estas características, junto con la presencia de brecha de impacto y minerales con microdeformaciones inducidas por presiones superiores a 100.000 atmosferas, confirman su origen extraterrestre.
El impacto tuvo lugar con un ángulo bajo desde el oeste, tal como indican los patrones de fracturación observados alrededor del borde del cráter. Además, se han identificado secundarios cráteres más pequeños en las inmediaciones.
Durante décadas, la estructura fue objeto de debate, con teorías alternativas que atribuían su formación a movimientos de sal o actividad volcánica. Sin embargo, el análisis microscópico de granos de cuarzo que muestran rastros de presión extrema ha puesto fin a la controversia, validando el escenario de impacto.
Aunque el mar del Norte tenía entonces una configuración muy distinta a la actual, el tsunami generado debió haber reconfigurado profundamente las líneas de costa de la cuenca antigua.
