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Salud

Giuseppe Curigliano: esperanza y cura contra el cáncer

by Editora de Salud abril 5, 2026
written by Editora de Salud

El oncólogo Giuseppe Curigliano ha destacado el papel fundamental que juega el optimismo en la lucha contra la enfermedad, afirmando que «para el paciente la esperanza es un motor, no debe perderla nunca». El especialista manifestó además su convicción de que existirá una cura contra el cáncer, señalando que este era un sueño suyo desde que era niño.

El doctor Curigliano es una figura referente en la oncología médica. Actualmente, es Profesor Ordinario de Oncología Médica en la Universidad de Milán y Director de la División Clínica de Desarrollo Precoz de Fármacos en el Instituto Europeo de Oncología (IEO) en Milán, Italia. Asimismo, se desempeña como presidente de los oncólogos europeos (ESMO).

Con una trayectoria marcada por la investigación, Curigliano es experto en el desarrollo de fármacos para tumores sólidos, con un interés específico en el cáncer de mama. Ha contribuido al desarrollo de múltiples tratamientos antitumorales que hoy en día se utilizan como estándar de cuidado para diversos tumores sólidos.

Su impacto en la ciencia ha sido reconocido globalmente; en 2022 y 2023, fue identificado por Clarivate™ como uno de los investigadores más influyentes del mundo. Cuenta con más de 670 publicaciones científicas, es editor de diversas revistas de oncología médica y es miembro del Consejo Superior de Sanidad italiano y del Directivo Nacional de la AIOM.

Entre sus distinciones destacan la Fellowship de la Academia Europea de Ciencias del Cáncer en París y el primer Premio Umberto Veronesi de la ESO, ambos recibidos en 2017. Para más detalles, puede consultar la información original en el Corriere della Sera.

abril 5, 2026 0 comments
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Salud

Bibliografía recomendada: Inmunología y vacunación

by Editora de Salud marzo 25, 2026
written by Editora de Salud

Para aquellos interesados en profundizar en el conocimiento del sistema inmunológico, la historia de la vacunación y las enfermedades infecciosas, existe una amplia bibliografía disponible. Entre las recomendaciones destacadas se encuentra “Sistema immunitario. Un meccanismo quasi perfetto” de Allavena, Locati y Santoni, editado por Roberto Burioni en 2021. También se sugiere “Il favoloso innesto. Storia sociale della vaccina­zione” de Assael B.M., publicado en 1996.

Para una perspectiva más amplia, se mencionan obras como “Inflammation And Cancer: Back To Virchow?” de Balkwill y Mantovani (2001), “Virus, la grande sfida” de Burioni (2020), y “Spitting Blood. The History of Tuberculosis” de Bynum (2012). Asimismo, “L’evoluzione del pensiero immunologico” de Corbellini (1990) ofrece una visión del desarrollo histórico de la inmunología.

Publicaciones más recientes incluyen “La cura del futuro” de Forni, Mantovani, Moretta, Parisi y Rezza (2023), “Vaccines: are they worth a shot?” de Grignolio (2018), “L’orchestra segreta” de Mantovani (2021), y “Breve storia letteraria e artistica della medicina” de Mantovani y Longhi (2024). También se recomiendan “Il talento del cervello” de Matteoli (2022), “I vaccini dell’era globale” de Rappuoli y Vozza (2009), “Microbiota, arma segreta del sistema immuni­tario” de Rescigno (2021), “Fortissime per natura” de Selmi (2020), “A History of Immunology” de Silverstein A.M. (1989) y “L’immunologia dell’io” de Tauber A.I. (1999).

marzo 25, 2026 0 comments
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Salud

Cerebro e Intestino: El Diálogo Clave para la Salud

by Editora de Salud febrero 22, 2026
written by Editora de Salud

El cerebro y el intestino mantienen una comunicación constante, un diálogo complejo que involucra nervios, hormonas, el sistema inmunitario y la microbiota. Actualmente, se investiga cómo intervenir en este eje para tratar diversas patologías.

Constantemente se produce una conversación entre el cerebro y el intestino, en ambos sentidos. Se trata de un intercambio complicado, del cual apenas estamos comenzando a comprender algunas “palabras”, pero que numerosos estudios científicos ya identifican como uno de los ejes fundamentales para el bienestar general.

¿Cómo se influyen mutuamente?

El intestino funciona como un órgano de frontera, ya que es una interfaz directa con el exterior a través de lo que comemos. La dieta, a su vez, modifica las poblaciones de bacterias que lo habitan, el llamado microbiota, y con ellas las señales que llegan al cerebro a través de las vías que “ascienden” al sistema nervioso central y que también viajan en sentido contrario, llevando información al intestino.

Como resultado, si el intestino está desequilibrado, el cerebro sufre, y si la mente no está tranquila, el intestino también se ve afectado. Las alteraciones del microbiota intestinal están asociadas a muchas enfermedades neurológicas y psiquiátricas, y la ansiedad y el estrés influyen en trastornos gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable.

La evidencia de la necesidad de que la cabeza y el estómago “hablen” bien para mantenerse saludables es considerable, como lo demuestran los estudios realizados en el marco de Mnesys, el programa de investigación en neurociencia más grande de Italia y Europa. Las investigaciones más recientes han logrado identificar muchos mecanismos a través de los cuales, por ejemplo, la inflamación intestinal llega hasta el cerebro, recorriendo el eje que conecta ambos órganos, e hipotetizar posibles “frenos” para aplicar.

El “segundo cerebro”

El intestino se ha denominado desde hace tiempo el “segundo cerebro”: a finales de los años 90, en la Universidad de Columbia de Nueva York, se elaboró la teoría de los dos cerebros tras el descubrimiento de que en el abdomen se “esconden” unos cien millones de neuronas.

Las neuronas en el intestino son solo un poco más de una décima parte de las que tenemos en el cerebro, pero aún así son suficientes para que percibamos emociones como las “mariposas en el estómago” o los calambres ante un evento estresante. Esto se debe a que estas neuronas no están aisladas, sino estrechamente conectadas con el sistema nervioso central.

Tres canales

Precisamente, el eje intestino-cerebro es el que, en el marco del programa Mnesys de investigación en Neurociencias, ha sido estudiado a fondo por Amedeo Amedei del Departamento de Medicina Experimental y Clínica de la Universidad de Florencia: “Es un sistema de comunicación en dos direcciones muy complejo, en el que la información viaja a través de tres canales”, explica el experto.

“Existe una vía nerviosa, que a través del nervio vago y el sistema nervioso en el intestino permite enviar al cerebro señales sensoriales y funcionales; existe también una vía endocrino-metabólica, que a través de hormonas y sustancias producidas por el microbiota intestinal, por ejemplo los ácidos grasos de cadena corta, influye en el metabolismo, la inmunidad y de forma indirecta también en el cerebro; por último, existe una tercera vía de comunicación basada en la inmunidad, porque el intestino es una de las principales interfaces inmunológicas del organismo (lo que introducimos por la boca llega aquí y es reconocido y gestionado por “células guardianas” inmunitarias de cuyas paredes intestinales son riquísimas, ndr), puede por lo tanto influir en el estado inflamatorio de todo el cuerpo, incluido el cerebro. Estas tres vías de comunicación están integradas y ninguna, por sí sola, explica el funcionamiento del eje cerebro-intestino”.

Enfermedades relacionadas

Este eje, sin embargo, es indispensable para estar bien: las alteraciones de la comunicación entre los “dos cerebros” están implicadas en diversas patologías, como por ejemplo el síndrome del intestino irritable, donde la ansiedad y el estrés modulan la sensibilidad y los movimientos del intestino, pero también la percepción del dolor, y en los trastornos de ansiedad y depresión, donde existen asociaciones entre perfiles específicos del microbiota y la patología. El eje intestino-cerebro parece alterado también en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica: lo prueban investigaciones en modelos animales, donde se ha visto que las alteraciones del microbiota y de la barrera intestinal pueden influir en la inflamación en el cerebro y en la progresión de la enfermedad.

Como especifica Amedei, sin embargo, “en el hombre la situación es más complicada y es difícil establecer con certeza la dirección de la relación causa-efecto, también porque estas mismas enfermedades modifican profundamente el intestino, la dieta, el estilo de vida. En otros términos, la asociación entre el funcionamiento del eje intestino-cerebro y diversas patologías neurológicas y psiquiátricas existe, pero aún no somos capaces de traducirla en medios para hacer diagnósticos o terapias”.

Bacterias, hongos y virus

Los focos de atención están puestos en uno de los elementos de diálogo potencialmente modificables, es decir, el microbiota intestinal y las señales que envía al cerebro: esta enorme población de bacterias, hongos y virus con la que convivimos (el número de células totales se estima en diez veces el de nuestro cuerpo, con un peso total que puede llegar a 1,5 kilos) se considera hoy uno de los principales eslabones de unión entre el cerebro y el intestino gracias a las sustancias que produce, las interacciones con la barrera intestinal y el control de la respuesta inmunitaria.

“El microbiota modula la calidad y la intensidad de las señales del intestino al cerebro”, observa Amedei. “Cuando hay equilibrio, la barrera intestinal es más eficiente y la respuesta inmune más controlada; si hay un desequilibrio, la llamada disbiosis, y sobre todo si se vuelve persistente, la permeabilidad del intestino a lo que llega del exterior puede aumentar, incrementando las señales inflamatorias, con posibles repercusiones en la función inmunitaria y en la comunicación con el cerebro. El microbiota es muy dinámico y se ve influenciado cada día por lo que comemos, los fármacos, los hábitos, el estrés: hoy, más que intervenir directamente, el objetivo es preservar su equilibrio”.

Nuevas correlaciones

Lograrlo significa hacer que el intestino y el cerebro dialoguen mejor, protegiendo quizás contra las patologías en las que se ha encontrado una asociación con las alteraciones del microbiota. Como sin embargo subraya Amedei: “En el hombre han surgido muchas correlaciones entre perfiles microbianos, metabolitos y marcadores de inflamación en varias enfermedades, pero demostrar su significado clínico es un desafío aún abierto”.

En la Universidad de Florencia, por ejemplo, se está estudiando el microbiota en personas con esclerosis lateral amiotrófica y se han demostrado anomalías en las poblaciones bacterianas fecales y orales de personas con dependencia de la cocaína, en las que también se está evaluando si la abstinencia inducida por una estimulación magnética transcraneal repetida devuelve el microbiota a perfiles más “saludables”, pero, como añade el experto: “Se necesita mucha prudencia porque los factores que influyen en el microbiota son realmente muchos. El posible vínculo común entre las enfermedades neurológicas en las que se han visto anomalías del microbiota es probablemente la inflamación intestinal: las alteraciones de la función de barrera del intestino y una mayor inflamación de la mucosa, conectadas a las alteraciones del microbiota, pueden amplificar señales que en personas predispuestas contribuyen a modular la inflamación también a nivel del sistema nervioso central”, concluye Amedei.

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Salud

Tatuajes: Inchiostro en los ganglios linfáticos, riesgo para el sistema inmunitario

by Editora de Salud diciembre 5, 2025
written by Editora de Salud

Un estudio suizo de siete años sugiere que las tintas utilizadas en los tatuajes se acumulan en los ganglios linfáticos y podrían afectar el funcionamiento normal del sistema inmunológico. La investigación, llevada a cabo por el Instituto de Investigación Biomédica de Bellinzona (Suiza), afiliado a la Universidad de la Suiza italiana (USI), demostró que la tinta no permanece confinada en la piel, sino que migra rápidamente a los ganglios linfáticos, donde puede quedar atrapada durante años.

Este proceso altera el comportamiento de las células que intentan asimilar las partículas de tinta. Los científicos observaron que los macrófagos –las células «limpiadoras» del sistema inmunológico– intentan englobar las partículas de tinta, pero no logran destruirlas y, en el proceso, mueren. Este ciclo se repite continuamente, agotando y perturbando el sistema inmunológico, lo que podría aumentar el riesgo de infecciones e incluso, en teoría, de tumores.

El estudio, publicado en la revista científica «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS), reveló que la reacción inflamatoria desencadenada por la interacción con las partículas de tinta comienza con una inflamación aguda inicial de aproximadamente dos días, seguida de una inflamación crónica que puede durar años. El fenómeno es más pronunciado con las tintas rojas y negras, y menos con las verdes.

Para confirmar un posible debilitamiento del sistema inmunológico debido a los tatuajes, los investigadores tatuaron y vacunaron contra el Covid a ratones. En los animales tatuados, la producción de anticuerpos fue significativamente menor en comparación con el grupo de control no tatuado. Esto sugiere que la alteración prolongada de los macrófagos «atrapados» en la tinta puede ser la causa.

Aunque no es la primera vez que se observa la migración de las tintas hacia el sistema linfático, este estudio proporciona una comprensión más profunda del comportamiento de los macrófagos y la respuesta inflamatoria que se desencadena. Se estima que una de cada cinco personas en el mundo tiene al menos un tatuaje. Según Santiago F. González, director del Laboratorio del IRB en Bellinzona, quien lideró la investigación, “a pesar de la popularidad de los tatuajes, se sabe poco sobre los efectos de la tinta en el sistema inmunológico”. González concluyó que se necesitan más estudios para comprender cómo la inflamación crónica causada por la tinta puede influir en otras enfermedades, como el cáncer o las enfermedades autoinmunes, y para desarrollar procedimientos más seguros para esta práctica cada vez más común.

diciembre 5, 2025 0 comments
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