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Salud

Cerebro e Intestino: El Diálogo Clave para la Salud

by Editora de Salud febrero 22, 2026
written by Editora de Salud

El cerebro y el intestino mantienen una comunicación constante, un diálogo complejo que involucra nervios, hormonas, el sistema inmunitario y la microbiota. Actualmente, se investiga cómo intervenir en este eje para tratar diversas patologías.

Constantemente se produce una conversación entre el cerebro y el intestino, en ambos sentidos. Se trata de un intercambio complicado, del cual apenas estamos comenzando a comprender algunas “palabras”, pero que numerosos estudios científicos ya identifican como uno de los ejes fundamentales para el bienestar general.

¿Cómo se influyen mutuamente?

El intestino funciona como un órgano de frontera, ya que es una interfaz directa con el exterior a través de lo que comemos. La dieta, a su vez, modifica las poblaciones de bacterias que lo habitan, el llamado microbiota, y con ellas las señales que llegan al cerebro a través de las vías que “ascienden” al sistema nervioso central y que también viajan en sentido contrario, llevando información al intestino.

Como resultado, si el intestino está desequilibrado, el cerebro sufre, y si la mente no está tranquila, el intestino también se ve afectado. Las alteraciones del microbiota intestinal están asociadas a muchas enfermedades neurológicas y psiquiátricas, y la ansiedad y el estrés influyen en trastornos gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable.

La evidencia de la necesidad de que la cabeza y el estómago “hablen” bien para mantenerse saludables es considerable, como lo demuestran los estudios realizados en el marco de Mnesys, el programa de investigación en neurociencia más grande de Italia y Europa. Las investigaciones más recientes han logrado identificar muchos mecanismos a través de los cuales, por ejemplo, la inflamación intestinal llega hasta el cerebro, recorriendo el eje que conecta ambos órganos, e hipotetizar posibles “frenos” para aplicar.

El “segundo cerebro”

El intestino se ha denominado desde hace tiempo el “segundo cerebro”: a finales de los años 90, en la Universidad de Columbia de Nueva York, se elaboró la teoría de los dos cerebros tras el descubrimiento de que en el abdomen se “esconden” unos cien millones de neuronas.

Las neuronas en el intestino son solo un poco más de una décima parte de las que tenemos en el cerebro, pero aún así son suficientes para que percibamos emociones como las “mariposas en el estómago” o los calambres ante un evento estresante. Esto se debe a que estas neuronas no están aisladas, sino estrechamente conectadas con el sistema nervioso central.

Tres canales

Precisamente, el eje intestino-cerebro es el que, en el marco del programa Mnesys de investigación en Neurociencias, ha sido estudiado a fondo por Amedeo Amedei del Departamento de Medicina Experimental y Clínica de la Universidad de Florencia: “Es un sistema de comunicación en dos direcciones muy complejo, en el que la información viaja a través de tres canales”, explica el experto.

“Existe una vía nerviosa, que a través del nervio vago y el sistema nervioso en el intestino permite enviar al cerebro señales sensoriales y funcionales; existe también una vía endocrino-metabólica, que a través de hormonas y sustancias producidas por el microbiota intestinal, por ejemplo los ácidos grasos de cadena corta, influye en el metabolismo, la inmunidad y de forma indirecta también en el cerebro; por último, existe una tercera vía de comunicación basada en la inmunidad, porque el intestino es una de las principales interfaces inmunológicas del organismo (lo que introducimos por la boca llega aquí y es reconocido y gestionado por “células guardianas” inmunitarias de cuyas paredes intestinales son riquísimas, ndr), puede por lo tanto influir en el estado inflamatorio de todo el cuerpo, incluido el cerebro. Estas tres vías de comunicación están integradas y ninguna, por sí sola, explica el funcionamiento del eje cerebro-intestino”.

Enfermedades relacionadas

Este eje, sin embargo, es indispensable para estar bien: las alteraciones de la comunicación entre los “dos cerebros” están implicadas en diversas patologías, como por ejemplo el síndrome del intestino irritable, donde la ansiedad y el estrés modulan la sensibilidad y los movimientos del intestino, pero también la percepción del dolor, y en los trastornos de ansiedad y depresión, donde existen asociaciones entre perfiles específicos del microbiota y la patología. El eje intestino-cerebro parece alterado también en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica: lo prueban investigaciones en modelos animales, donde se ha visto que las alteraciones del microbiota y de la barrera intestinal pueden influir en la inflamación en el cerebro y en la progresión de la enfermedad.

Como especifica Amedei, sin embargo, “en el hombre la situación es más complicada y es difícil establecer con certeza la dirección de la relación causa-efecto, también porque estas mismas enfermedades modifican profundamente el intestino, la dieta, el estilo de vida. En otros términos, la asociación entre el funcionamiento del eje intestino-cerebro y diversas patologías neurológicas y psiquiátricas existe, pero aún no somos capaces de traducirla en medios para hacer diagnósticos o terapias”.

Bacterias, hongos y virus

Los focos de atención están puestos en uno de los elementos de diálogo potencialmente modificables, es decir, el microbiota intestinal y las señales que envía al cerebro: esta enorme población de bacterias, hongos y virus con la que convivimos (el número de células totales se estima en diez veces el de nuestro cuerpo, con un peso total que puede llegar a 1,5 kilos) se considera hoy uno de los principales eslabones de unión entre el cerebro y el intestino gracias a las sustancias que produce, las interacciones con la barrera intestinal y el control de la respuesta inmunitaria.

“El microbiota modula la calidad y la intensidad de las señales del intestino al cerebro”, observa Amedei. “Cuando hay equilibrio, la barrera intestinal es más eficiente y la respuesta inmune más controlada; si hay un desequilibrio, la llamada disbiosis, y sobre todo si se vuelve persistente, la permeabilidad del intestino a lo que llega del exterior puede aumentar, incrementando las señales inflamatorias, con posibles repercusiones en la función inmunitaria y en la comunicación con el cerebro. El microbiota es muy dinámico y se ve influenciado cada día por lo que comemos, los fármacos, los hábitos, el estrés: hoy, más que intervenir directamente, el objetivo es preservar su equilibrio”.

Nuevas correlaciones

Lograrlo significa hacer que el intestino y el cerebro dialoguen mejor, protegiendo quizás contra las patologías en las que se ha encontrado una asociación con las alteraciones del microbiota. Como sin embargo subraya Amedei: “En el hombre han surgido muchas correlaciones entre perfiles microbianos, metabolitos y marcadores de inflamación en varias enfermedades, pero demostrar su significado clínico es un desafío aún abierto”.

En la Universidad de Florencia, por ejemplo, se está estudiando el microbiota en personas con esclerosis lateral amiotrófica y se han demostrado anomalías en las poblaciones bacterianas fecales y orales de personas con dependencia de la cocaína, en las que también se está evaluando si la abstinencia inducida por una estimulación magnética transcraneal repetida devuelve el microbiota a perfiles más “saludables”, pero, como añade el experto: “Se necesita mucha prudencia porque los factores que influyen en el microbiota son realmente muchos. El posible vínculo común entre las enfermedades neurológicas en las que se han visto anomalías del microbiota es probablemente la inflamación intestinal: las alteraciones de la función de barrera del intestino y una mayor inflamación de la mucosa, conectadas a las alteraciones del microbiota, pueden amplificar señales que en personas predispuestas contribuyen a modular la inflamación también a nivel del sistema nervioso central”, concluye Amedei.

febrero 22, 2026 0 comments
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Mundo

Zelensky: Rusia no se detendrá sin presión

by Editor de Mundo febrero 11, 2026
written by Editor de Mundo

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que Rusia no cesará sus ataques sin una presión internacional suficiente y garantías de seguridad claras para Ucrania. Así lo expresó en su cuenta de X, donde señaló que cada ataque ruso “mina la confianza en todo lo que se hace en el ámbito diplomático para poner fin a esta guerra” y reafirmó que la presión sobre el agresor y la seguridad para Ucrania son “la verdadera clave para poner fin a las muertes”.

Zelenski subrayó que el ejército ruso “no tiene intención de detenerse” y se está preparando para continuar combatiendo, por lo que insistió en la necesidad de seguir apoyando y fortaleciendo a Ucrania. Consideró que la defensa aérea, los paquetes de apoyo a la estabilidad del país y la rendición de cuentas de Rusia por sus acciones son “prerrequisitos indispensables para la defensa de la vida y para que haya paz”.

El mandatario ucraniano detalló una serie de ataques recientes. En Járkov, un dron ruso impactó en una vivienda privada, causando la muerte de tres niños pequeños y de su padre. La madre, embarazada, resultó herida y fue hospitalizada. Esta mañana, un hospital en Zaporiyia fue atacado con un dron. Durante la noche, seis personas, incluyendo niños, resultaron heridas en la región de Sumy, donde lamentablemente falleció una persona. Asimismo, un depósito ferroviario en Konotop fue atacado al amanecer, dañando un tren. Las regiones de Dnipropetrovsk, Zaporiyia y Poltava también sufrieron ataques. En total, se lanzaron 129 drones de ataque contra Ucrania desde la noche anterior, muchos de ellos del tipo Shahid.

febrero 11, 2026 0 comments
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Tecnología

Publicidad de coches: la nostalgia de contar historias

by Editor de Tecnologia enero 31, 2026
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Hubo una época, especialmente entre finales de los años ochenta y los noventa, en la que la publicidad automotriz hacía algo simple y revolucionario: contaba una historia. No se limitaba a crear una atmósfera o a buscar un estilo de vida, sino que presentaba una idea con un inicio, una sorpresa y un final que permanecía en la mente del espectador. Eran anuncios que se podían ver diez veces sin aburrirse, siempre provocando una sonrisa, porque funcionaban como mini películas. Un personaje, un problema, un giro inesperado, una frase ingeniosa. Y a menudo eran tan originales que terminaban siendo citados, imitados, premiados y debatidos. No tanto porque requerían grandes inversiones, sino porque se arriesgaban, tenían ironía, ritmo e incluso un toque de sana locura.

Hoy en día, en cambio, muchas campañas publicitarias de automóviles parecen creadas con una plantilla. Son hermosas, por supuesto, con una fotografía perfecta, música elegante, montaje de videoclip e iluminación cinematográfica. El problema es que se asemejan cada vez más a los anuncios de perfumes, muy cuidados e intercambiables entre sí. Se podría eliminar el logotipo y, a veces, sería difícil determinar si se está viendo un sedán, un SUV o la presentación de un refrigerador de alta gama. No es solo culpa de la publicidad, sino también de que los automóviles modernos, construidos sobre plataformas comunes y con paquetes técnicos similares, tienen dificultades para ofrecer un carácter narrativo distintivo. Por lo tanto, la comunicación se centra en el mood, como se dice hoy en día (antes se llamaba sugestión). Ciudades nocturnas, calles vacías, rostros perfectos, promesa de futuro. Funciona a corto plazo, pero rara vez deja una frase, un gesto o una escena que se recuerde a lo largo de los años.

enero 31, 2026 0 comments
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Negocio

Pertini vs Mattarella: ¿Monito moral o cohesión institucional?

by Editora de Negocio enero 3, 2026
written by Editora de Negocio

di Matteo Merolla –

La comparación entre los mensajes de fin de año de Sandro Pertini en 1978 y el de Sergio Mattarella para 2026 no es simplemente un ejercicio de memoria republicana. Es, en un sentido más profundo, una prueba de la función real de la palabra presidencial en tiempos de crisis, y de la relación –a menudo evocada, raramente verificada– entre la advertencia moral y las consecuencias históricas.

 

Dos presidentes, dos contextos, un mismo ritual

Pertini se dirigió a la nación en 1978 desde un país desgarrado por el terrorismo interno, el desempleo juvenil, la Guerra Fría, las armas nucleares y el hambre en el mundo. Su discurso no eludió el conflicto: nombró a los adversarios, denunció las deficiencias del Estado, señaló responsabilidades políticas y morales, y adoptó una postura abiertamente militante en defensa de la paz, los derechos humanos y de Europa como baluarte contra las superpotencias. Su llamamiento a los jóvenes fue claro: no empuñen armas, fortalezcan su espíritu. Fue un discurso que tomó partido y aceptó el riesgo de la división.

 

Mattarella, por su parte, se dirigió a la nación en una época formalmente pacificada internamente, pero atravesada por crisis globales: guerras en las fronteras de Europa, rearme, precariedad estructural, emergencia climática y crisis del estado de bienestar. Su registro es diferente: inclusivo, tranquilizador y pedagógico. El conflicto no se niega, pero se abstrae; los problemas no se eliminan, sino que se generalizan; las responsabilidades permanecen difusas a nivel sistémico, sin personalización.

 

Aquí emerge la primera y decisiva diferencia:

  • Pertini utilizó la palabra presidencial como un acto político moral;
  • Mattarella la emplea como un instrumento de cohesión institucional.

Ambas opciones son legítimas, pero producen efectos muy distintos.

 

El nudo irresoluto: ¿para qué sirve la advertencia?

El núcleo de la cuestión no es estilístico, sino sustancial: la eficacia de la advertencia.

 

Pertini habló en contra de la guerra, la violencia y el rearme. Sin embargo, casi medio siglo después, el mundo vuelve a estar marcado por conflictos armados, escaladas militares y un aumento del gasto en defensa. Su llamamiento a los jóvenes –hoy adultos, líderes, Jefes de Estado (en aquella época Trump tenía 32 años, Putin 26, y en cierto modo también Mattarella 37) y de Gobierno (Netanyahu 29)– no impidió que esa generación contribuyera a un orden internacional cada vez más inestable.

 

¿Es un fracaso del mensaje? No necesariamente. Es más bien el límite estructural de la palabra institucional cuando no va acompañada de coherencia sistémica. Los discursos no hacen la historia: como mucho, indican una dirección posible. Si las decisiones políticas, económicas y estratégicas van en sentido contrario, la advertencia se convierte en testimonio, no en dique de contención.

 

En este sentido, el discurso de Mattarella parece consciente de esta limitación y, quizás por ello, renuncia de antemano al enfrentamiento. Pero al hacerlo, corre el riesgo de otro resultado: la irrelevancia práctica.

 

Jóvenes: destinatarios recurrentes, sujetos ausentes

Ambos presidentes se dirigen a los jóvenes. Pero también aquí la diferencia es notable.

Pertini se dirigió a los jóvenes como sujetos morales: los amonestó, los advirtió y los responsabilizó. Reconoció sus desorientaciones, pero les pidió decisiones claras, basadas en la libertad y la dignidad.

 

«… Yo creo – dijo Pertini – por lo tanto, en nuestra juventud.

Los jóvenes no necesitan sermones, los jóvenes necesitan ejemplos de honestidad, coherencia y altruismo,

Es con este espíritu, jóvenes, que me dirijo a ustedes: escúchenme, por favor: no empuñen sus manos. Fortalezcan su espíritu. No empuñen sus manos, jóvenes, no recurran a la violencia. Porque la violencia resucita desde el fondo del alma humana los instintos primarios, prevalece la bestia sobre el hombre y, incluso cuando se usa en estado de legítima defensa, siempre deja un sabor amargo.

No, jóvenes, fortalezcan en cambio su espíritu con una fe vigorosa: elíjanla libremente, siempre y cuando su elección presuponga el principio de libertad, si no lo presupone, deben rechazarla, de lo contrario se encontrarían en un camino sin retorno, un camino cuyo final estaría su servidumbre moral: serían sirvientes arrodillados, mientras yo los insto a ser siempre hombres de pie, dueños de sus sentimientos y pensamientos. Si no quieren que su vida transcurra monótona, gris y vacía, que esté iluminada por la luz de una gran y noble idea. …«.

 

Mattarella se dirige a los jóvenes como destinatarios simbólicos: los anima, los defiende de narrativas hostiles y los invita a «elegir el futuro«. Pero el futuro, en el discurso, sigue siendo un espacio abstracto, no un campo estructurado por políticas públicas y sociales precisas. Las condiciones materiales –trabajo, vivienda, sanidad, educación– se evocan, pero no se problematizan.

El resultado es una pedagogía sin verificación: educación cívica sin herramientas, confianza sin poder, responsabilidad sin palancas.

 

¿Continuidad republicana o anestesia del presente?

El mensaje de fin de año, en su forma actual, cumple una función precisa: tranquilizar, mantener la continuidad simbólica del Estado y evitar fracturas. En este sentido, Mattarella encarna perfectamente el papel que le asigna la Constitución.

Pero precisamente esta perfección formal plantea un problema político-cultural: cuando el presente está marcado por crecientes desigualdades, el retroceso del estado de bienestar y la normalización del rearme, un discurso que no «muerde» corre el riesgo de convertirse en un anestésico cívico.

No porque diga algo falso, sino porque dice solo lo que ya es compartido por todos.

 

¿Testimonio o transformación?

La comparación entre Pertini y Mattarella no autoriza nostalgias simplistas. El primero se dirigió a una Italia más pobre, pero políticamente más conflictiva; el segundo a un país formalmente estable, pero socialmente frágil.

La pregunta, entonces, no es qué discurso fue «mejor», sino qué función queremos atribuir hoy a la palabra presidencial:

  • ¿testimoniar valores compartidos, aceptando la impotencia práctica?;
  • ¿o asumir el riesgo de señalar contradicciones concretas, incluso a costa de perturbar?.

 

Mientras los mensajes de fin de año sigan siendo rituales de consuelo más que instrumentos de verdad, seguirán deslizándose, como cada año, entre un brindis y un aplauso.

No inútiles.

Pero ineficaces.

enero 3, 2026 0 comments
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