Entrar en una obra en construcción y encontrarse con una feria de arte. No se trata de una instalación ni de un evento temporal creado ad hoc: así es como Paris Internationale llega a Milán, del 18 al 21 de abril de 2026, en el período entre la Semana del Arte y la Semana del Diseño, eligiendo para su primera edición fuera de París un edificio aún en transformación: Filzi 25, un edificio de los años 50 a pocos pasos de la Estación Central y del Pirellone.
Nacida en París en 2015 como alternativa a las grandes ferias de arte, la manifestación es un proyecto independiente ideado por un grupo de galeristas con una idea precisa: reducir la escala, eliminar los stands tradicionales y crear un contexto más directo entre obras, galerías y público.
Con el tiempo, se ha convertido en una cita reconocida para quienes buscan nuevas voces, manteniendo un formato deliberadamente contenido y experimental. Y, sobre todo, una característica precisa: cambiar de espacio en cada ocasión, eligiendo lugares en latencia –edificios temporalmente suspendidos, en transformación, aún no definidos– construyendo cada vez un formato expositivo que renuncia a la lógica del stand para priorizar un espacio abierto, continuo y transitable.
En Milán, por primera vez fuera de París, esta lógica encuentra una correspondencia perfecta en el proyecto de recuperación firmado por Park, que desde hace años trabaja en el patrimonio moderno de la ciudad. Filzi 25 –el antiguo Palazzo Galbani, diseñado entre 1956 y 1959 por Eugenio y Ermenegildo Soncini con Giuseppe Pestalozza, y con las estructuras de Pier Luigi Nervi– se convierte así no solo en un contenedor, sino en parte activa de la narración.

Una arquitectura del moderno milanés recuperada
El proyecto de Park parte de un principio claro: trabajar sobre lo existente sin eliminarlo para devolver al edificio su identidad, actualizando su rendimiento y uso. En los años 2000, el edificio había sido objeto de intervenciones invasivas que habían comprometido su calidad original. El proyecto actual, en cambio, procede por sustracción. Se eliminan techos falsos, instalaciones a la vista y estratificaciones recientes para devolver continuidad a los pisos y hacer legible nuevamente el elemento más característico: las losas onduladas prefabricadas diseñadas por Nervi, que también vuelven a ser protagonistas desde el exterior gracias a un vidrio más neutro y menos reflectante. Asimismo, la fachada se replantea con una óptica de restauración, recuperando el ritmo del muro cortina y la proporción de las franjas horizontales, mientras que los últimos niveles encuentran una nueva medida con un cerramiento metálico que ordena las instalaciones y una cubierta verde retranqueada.

El sitio de construcción como espacio público
Es precisamente en esta fase de transición donde se inserta la feria. Cuatro plantas del edificio, con 2000 metros cuadrados de superficie, son ocupadas temporalmente por unas 35 galerías internacionales, en una disposición desarrollada en estrecha colaboración con el estudio de arquitectura suizo Christ & Gantenbein, que aprovecha la estructura abierta y sin columnas para construir una experiencia fluida.
El sitio de construcción se convierte así en un espacio cívico temporal. Un lugar normalmente cerrado se abre, permitiendo a un público amplio atravesarlo antes de que se complete. No es solo una elección escenográfica, sino una toma de posición sobre el papel de la arquitectura: incluso en momentos de suspensión puede activar relaciones, generar atención y producir nuevas formas de uso.

No en vano, la propia feria es definida por Nerina Ciaccia, cofundadora de Paris Internationale y de la Galería Ciaccia Levi, con sedes en París y Milán, como un espacio en el que «la atención y el tiempo permiten encuentros significativos con las obras», priorizando la profundidad sobre la cantidad.
Para Park, es una dirección de investigación precisa, ligada al tema de la reutilización y a la posibilidad de trabajar sobre los edificios modernos. Milán, en este sentido, se convierte en un laboratorio: una ciudad en la que el patrimonio del segundo Novecento aún está disponible para ser reinterpretado y valorizado.

Milán como punto de convergencia
La llegada de Paris Internationale marca también un cambio más amplio. Como subraya también la curadora Nerina Ciaccia, Milán es hoy «una ciudad en la que las ideas circulan transversalmente entre arte, diseño, arquitectura y producción. Es una ciudad en la que las ideas circulan transversalmente entre las disciplinas y en la que coleccionistas –privados e institucionales– están activamente involucrados en la creación contemporánea». Y precisamente por eso es capaz de acoger un proyecto que vive de relaciones. En este ecosistema, la feria mantiene su formato contenido e independiente, pero se inserta en una red más amplia de relaciones. El resultado es un equilibrio particular: por un lado, la intimidad y la calidad de la selección, y por otro, la intensidad de una ciudad que, precisamente durante la Semana del Diseño, se convierte en una plataforma global.

Un modelo que mira hacia adelante
Lo que sucede en Filzi 25 no es un episodio aislado. El sistema expositivo autónomo desarrollado para esta edición está pensado para ser reutilizado, anticipando ya una posible evolución futura del proyecto. Pero, sobre todo, esta primera edición milanesa aclara una dirección: la feria es un dispositivo capaz de activar lugares y leer las transformaciones urbanas mientras ocurren. Quizás sea por eso que una feria como Paris Internationale encuentra aquí su espacio más natural: en una ciudad que nunca deja de transformarse y que, precisamente en sus momentos de transición, logra ser más interesante.
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