Científicos de la Universidad de California, Riverside han descubierto estructuras de vigilancia inmunitaria previamente desconocidas en la piel, ubicadas dentro de los folículos pilosos. Estas estructuras están compuestas por células que se asemejan a las células M (microfold), un tipo de célula epitelial especializada tradicionalmente asociada con el intestino y las vías respiratorias.
Según el estudio publicado en Frontiers in Cell and Developmental Biology, estas células centinela dentro de los folículos pilosos podrían permitir que la piel monitoree la exposición ambiental y la presencia de microbios, a pesar de ser una barrera física más gruesa y estratificada que otras superficies mucosas.
Los investigadores proponen que los folículos pilosos actúan como estructuras tipo «puerta de enlace» que concentran tanto el material ambiental como la actividad de vigilancia inmunitaria. Dentro de estos nichos, las células identificadas parecen participar en respuestas inmunitarias localizadas, particularmente frente a bacterias Gram-positivas, las cuales pueden causar infecciones que van desde intoxicaciones alimentarias hasta enfermedades respiratorias graves.
El autor principal, el Dr. David Lo, profesor distinguido de ciencias biomédicas, explicó que, a diferencia del epitelio intestinal y respiratorio, que consiste en una sola capa celular que permite un muestreo ambiental más directo, la piel está compuesta por múltiples capas estratificadas que forman una barrera más resistente. Esto ha planteado durante mucho tiempo la pregunta de cómo la piel puede monitorear eficientemente las amenazas externas pese a su grosor.
Diana Del Castillo, primera autora del estudio y estudiante de posgrado en el laboratorio del Dr. Lo, añadió que los folículos pilosos podrían representar un centro central para la vigilancia inmunitaria en la piel, ya que reúnen la exposición ambiental, la detección inmunitaria y posiblemente incluso la señalización neural en un entorno altamente localizado.
Los experimentos se realizaron en modelos de ratón, y los autores señalan que sus hallazgos amplían la comprensión actual de cómo los tejidos de barrera, como la piel, defienden el cuerpo contra amenazas externas.
