Una mujer relata que perdió la visión tras iniciar un tratamiento para la diabetes tipo 2, denunciando los graves efectos secundarios que experimentó. Según su testimonio, el medicamento le provocó una deterioro rápido de la vista, lo que la dejó ciega. Su caso ha generado preocupación sobre los riesgos asociados a ciertos fármacos utilizados en el manejo de esta enfermedad crónica.
Por primera vez en el sur de Italia, un paciente pediátrico de 13 años afectado por diabetes tipo 1 en fase preclínica ha sido tratado con teplizumab, un fármaco innovador capaz de ralentizar la progresión de la enfermedad antes de la aparición de los síntomas. El tratamiento se llevó a cabo en el Hospital Pediátrico Giovanni XXIII de Bari y ha tenido un resultado positivo, según un comunicado del hospital.
Resultados del tratamiento
“A los cuatro meses de finalizar el tratamiento -explica la doctora Elvira Piccinno, miembro del equipo multidisciplinario que gestionó el caso-, los controles clínicos han mostrado un cuadro extremadamente alentador: glucemia estable, ausencia de necesidad de terapia con insulina, reducción del título de autoanticuerpos pancreáticos y mantenimiento de la función de las células beta con producción endógena de insulina. Estos datos indican una estabilización del proceso autoinmune y una ralentización de la progresión hacia la diabetes clínicamente manifiesta”.
El proceso. El paciente fue sometido a un cribado para la diabetes tipo 1 tras acudir a la consulta de Diabetología del servicio de Enfermedades Metabólicas, a raíz de la detección ocasional de valores de hemoglobina glicada en el límite de la normalidad. El caso fue seguido por un equipo multidisciplinario de la Unidad Operativa de Enfermedades Metabólicas, que acompañó al paciente en todas las fases del proceso. “Un trabajo en equipo -continúa el comunicado- que ha garantizado la seguridad, la adecuación y la humanización de la atención, como lo atestigua también la familia del paciente en una carta”. El acceso al tratamiento requirió un proceso complejo, gestionado por un equipo multidisciplinario dirigido por las doctoras Piccinno y Antonella Lonero de la Unidad Operativa de Enfermedades Metabólicas. “La administración del fármaco -se destaca- ha sido bien tolerada, sin efectos adversos significativos”.
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La diabetes, que afecta a cerca de 4 millones de personas en Francia, puede comprometer la salud de los pies de los pacientes y provocar complicaciones graves. Cuando una persona padece diabetes, presenta un exceso de azúcar en la sangre, lo que puede dañar los nervios. Esto puede resultar en neuropatía, una afección que afecta a los nervios y genera pérdida de sensibilidad.
Normalmente, una pequeña herida en el pie desencadena una señal de dolor. Sin embargo, los pacientes diabéticos pueden no sentir la lesión. Su piel puede estar seca y agrietada, lo que facilita la entrada de infecciones.
Es importante recordar que esta enfermedad también afecta a las arterias, provocando problemas vasculares. Esto disminuye la oxigenación y dificulta la cicatrización.
Riesgo de amputación
Las personas con diabetes también son más propensas a tener un sistema inmunológico debilitado y a contraer infecciones más graves. Por ejemplo, si se tienen pies planos, la presión se concentra en una misma zona, lo que puede provocar la formación de callos. Estos callos pueden agrietarse y crear una pequeña herida, conocida como «mal perforant plantaire», que puede derivar en una infección ósea y, finalmente, en una amputación.
Este es un problema real en Francia. Según un informe de Santé Publique France publicado el martes 17 de febrero, las amputaciones han aumentado un 44% en las regiones de Ultramar, Bretaña y Hauts-de-France.
Esta dramática desigualdad territorial es, en primer lugar, una desigualdad social. Las personas con menos recursos suelen tener infecciones en los pies más graves. También refleja las disparidades en el acceso a la atención médica. Las personas con diabetes necesitan educación terapéutica y sistemas de salud adecuados, algo que no siempre se cumple en Francia y que, por lo tanto, debe mejorarse.
El «pie diabético» también tiene un impacto en la salud mental de las personas afectadas. Los pacientes a menudo experimentan una baja autoestima y una alteración de su imagen corporal. Se sienten indefensos, pierden autonomía y, en algunos casos, pueden caer en depresión.
Cómo cuidar sus pies
Si padece diabetes, existen varias soluciones para cuidar sus pies. En primer lugar, es fundamental mantener la enfermedad lo más equilibrada posible. En segundo lugar, es importante visitar al podólogo al menos una vez al año para que examine sus pies, trate las uñas encarnadas o los callos.
Es esencial inspeccionar sus pies a diario para detectar cualquier herida, enrojecimiento o callo debajo de los calcetines. Debe lavar sus pies con agua tibia y jabón suave, y asegurarse de secar bien los dedos después del lavado. Hidrate sus pies con crema, evitando la zona entre los dedos para prevenir la aparición de hongos. Corte sus uñas rectas, pero no demasiado cortas, y elija calzado que no apriete demasiado y calcetines sin costuras. En definitiva, el paciente diabético debe mantener una higiene impecable en sus pies.
Este miércoles, el centro hospitalario de Martigues ha instalado un puesto de detección de diabetes en la galería comercial de Auchan. La iniciativa, que incluye asesoramiento dietético, pruebas de glucemia y concienciación sobre la enfermedad, ha sido seguida de cerca por nuestro reportero Michel Montagne, en el marco de una campaña de salud integral. Una acción que llega en un momento oportuno, coincidiendo con los buenos propósitos de año nuevo.
El puesto de atención no había terminado de instalarse cuando ya se vio asaltado por personas interesadas. Esto demuestra la gran preocupación que existe entre los habitantes de la región por la diabetes. Según informó esta mañana Maritima, un 6,3% de la población francesa está afectada por la enfermedad, con una prevalencia ligeramente mayor en hombres (55%).
Félix y Barbara: la llamada de la radio
Entre las personas que acudieron a realizarse la prueba, la influencia de Maritima Radio fue evidente. Félix, de 78 años, y Barbara, oyentes habituales, se desplazaron expresamente para participar. “Escuché en la radio que había un programa de detección, así que vine a ver. Siempre es importante controlarse”, confiesa Barbara a Michel Montagne. En este ambiente, alejado del estrés que a veces se vive en los hospitales, el diálogo fluye fácilmente entre los clientes y los profesionales sanitarios.
Detectar la enfermedad antes de las complicaciones
En el lugar, Florence Perez, enfermera del centro hospitalario de Martigues, destaca el carácter “insidioso” de la diabetes tipo 2. A diferencia de la tipo 1, que se manifiesta con fatiga intensa o pérdida de peso rápida, la tipo 2 puede permanecer silenciosa durante años. “Se pueden vivir meses, incluso años, sin darse cuenta. Por eso son tan importantes nuestras jornadas de prevención: evitar futuras complicaciones”, explica.
Más allá de la genética, nuestros hábitos de vida son señalados como factores de riesgo:
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Sedentarismo: No es necesario correr un maratón, basta con caminar un poco más, subir escaleras o evitar el coche para distancias cortas para regular los niveles de azúcar. Siempre y cuando esta actividad se combine con una mejor higiene alimentaria.
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Estrés y emociones: Un impacto emocional (accidente, duelo…) puede afectar la producción de insulina, al igual que estar sometido a estrés de forma regular, por ejemplo, laboral.
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Tabaco: La nicotina actúa como un “tapón” que impide que la insulina circule correctamente por la sangre, similar al sarro que obstruye una tubería.
Los consejos de Mandy: “El plato ideal”
Para Mandy Sabaté, dietista del hospital de Les Rayettes, la solución no es la privación drástica, la dieta o un régimen restrictivo, sino encontrar el equilibrio: “Recomendamos combinar almidones y verduras en cada comida, con una fuente de proteínas y un producto lácteo”, precisa.
¿El truco para aquellos con antojo de dulce y que les cuesta la frustración? La progresividad. “Si echas tres azúcares en tu café, intenta pasar a dos y medio durante quince días, y luego a dos. Al final, te acostumbrarás al sabor sin azúcar”. También advierte sobre los falsos amigos, como el zumo de naranja industrial, que a menudo es tan azucarado como un refresco.
Acompañamiento después del diagnóstico
Si la prueba (una simple presión en la yema del dedo para obtener una pequeña gota de sangre) revela una anomalía, los pacientes no se quedan a su suerte. Anaïs Moreno, enfermera de Provence Santé Coordination, presenta programas de educación terapéutica. Rodeados de dietistas, entrenadores deportivos y psicólogos, los pacientes aprenden a “domar” su patología para mejorar su calidad de vida.
Información práctica: La operación de detección y asesoramiento continúa hasta las 17:00 de este miércoles en la galería comercial de Auchan Martigues. Es gratuita, rápida y no requiere cita previa.
Sulfatos, nitritos, sorbatos… Estos aditivos están muy presentes en los alimentos industriales y, desde hace años, se sospecha que favorecen la aparición de ciertas patologías. Dos importantes estudios franceses han demostrado ahora que están asociados a un mayor riesgo de cáncer y de diabetes. “No es que consumir productos con conservantes vaya a provocar inmediatamente un cáncer, pero es importante limitar la frecuencia de la exposición a estos productos”, afirma a la AFP Mathilde Touvier, la epidemióloga que supervisó ambos estudios.
“El mensaje para el público en general es que, frente a un pasillo de supermercado, se deben priorizar los alimentos menos procesados”, añade la epidemióloga. Las conclusiones de estos estudios, realizados por el mismo equipo del Inserm y publicados este jueves en las revistas BMJ y Nature Communications, deben interpretarse con cautela, dada la magnitud moderada de los riesgos observados. No obstante, estos trabajos son de una robustez sin precedentes.
Un estudio histórico para la salud pública
“Estos resultados podrían tener importantes implicaciones en materia de salud pública, dada la omnipresencia de los conservantes en una amplia gama de alimentos y bebidas”, concluye el estudio publicado en Nature Communications, que se centra en el riesgo de diabetes. Estas publicaciones se enmarcan en un contexto en el que los riesgos para la salud de muchos alimentos industriales están cada vez mejor documentados, pero su regulación sigue siendo objeto de divergencias políticas.
En Francia, la publicación de un plan estratégico sobre la alimentación y el clima se bloqueó a última hora en otoño, debido a desacuerdos gubernamentales sobre los riesgos que representan los alimentos ultraprocesados. Por el contrario, el Reino Unido acaba de prohibir la publicidad televisiva de ciertos alimentos industriales durante el día.
En este contexto, los dos estudios publicados el jueves aportan importantes elementos de respuesta. Es la primera vez que los investigadores logran distinguir con tanta precisión los riesgos asociados a cada conservante. Los investigadores se basaron en el estudio de una amplia cohorte de franceses –más de 100.000 personas–, seguidos durante varios años con cuestionarios periódicos sobre su alimentación y datos precisos sobre la composición de los productos consumidos. Concluyen que el consumo de varios conservantes –en particular los sorbatos, los sulfatos y los nitritos– está asociado a una mayor frecuencia de cáncer. La asociación más fuerte se da con el nitrito de sodio (E250) y el cáncer de próstata, cuyo riesgo aumenta en torno a un tercio.
Riesgos asociados a los conservantes
Este grado de riesgo sigue siendo limitado a nivel individual –a modo de comparación, el tabaquismo multiplica por más de 15 el riesgo de cáncer de pulmón en los fumadores empedernidos–. Pero, a nivel colectivo, representa un número elevado de enfermos adicionales, dada la importante presencia de estos aditivos en la alimentación. Y, en comparación con el cáncer, los riesgos asociados a los conservantes a veces parecen más marcados para la diabetes. Así, el consumo regular de sorbato de potasio (E202) está asociado a una frecuencia dos veces mayor de esta patología.
Es cierto que, a pesar de la solidez de su metodología, estos trabajos no permiten concluir a un mecanismo directo de causa y efecto entre estos problemas de salud y el consumo de los aditivos en cuestión. Los sulfatos, por ejemplo, están principalmente presentes en bebidas alcohólicas, como señalan dos investigadores que no participaron en estos estudios, Xinyu Wang y Edward Giovannucci, en un comentario publicado en la misma edición de la BMJ. Por lo tanto, es difícil distinguir el efecto de estos conservantes del del alcohol, que está muy bien documentado.
Además, recuerdan que “los conservantes presentan importantes beneficios al prolongar la vida útil de los productos y reducir el coste de la alimentación […] para los más modestos”. Pero el empleo de estos aditivos es “muy frecuente y a menudo mal evaluado, mientras que sus efectos a largo plazo son inciertos”, señalan estos investigadores. El estudio del Inserm aboga además por una reevaluación de su regulación, con, en particular, “límites más estrictos en cuanto a su uso”.
