Las dietas muy ricas en proteínas han ganado popularidad como herramientas para perder peso y mejorar la salud metabólica, pero investigaciones recientes sugieren que un consumo excesivo de proteínas, especialmente de origen animal, podría contribuir a trastornos metabólicos en lugar de prevenirlos. Este hallazgo desafía la noción convencional de que más proteína siempre es mejor para el organismo.
Según expertos consultados por WELT, un alto nivel de ingesta proteica puede alterar la función hepática, aumentar la producción de urea y potencialmente empeorar predisposiciones genéticas a la dislipidemia, un trastorno del metabolismo de las grasas caracterizado por niveles anormales de lípidos en la sangre, como colesterol LDL elevado, triglicéridos altos o disminución del colesterol HDL.
Estas condiciones aumentan significativamente el riesgo de aterosclerosis, infartos y accidentes cerebrovasculares. La plataforma alemana DocCheck Flexikon confirma que los trastornos del metabolismo de las grasas son de gran relevancia clínica en poblaciones occidentales, a menudo vinculados a factores genéticos, dieta inadecuada, sedentarismo o enfermedades como la diabetes y el hipotiroidismo.
Aunque las proteínas son esenciales para la reparación de tejidos, la producción de enzimas y la sensación de saciedad, su sobreconsumo —especialmente cuando desplaza otros macronutrientes— puede desencadenar cambios metabólicos adversos. Estudios indican que dietas muy altas en proteínas pueden influir en la actividad del tejido adiposo marrón, aunque los efectos exactos aún están bajo investigación.
Los especialistas enfatizan la importancia de mantener un equilibrio en la ingesta de macronutrientes y advierten contra patrones dietéticos extremos, ya sea cetogénicos o muy altos en proteínas, sin supervisión médica, particularmente en personas con predisposición genética a trastornos lipídicos.

