La creciente tensión entre Estados Unidos y América Latina se ha convertido nuevamente en un tema central en el debate internacional. Según el periodista y analista Raúl Sohr, la política exterior impulsada por Donald Trump responde a una lógica histórica renovada. “Estamos presenciando la versión actualizada de la doctrina Monroe, lo que yo llamo la doctrina Donroe”, afirma Sohr.
En declaraciones a la primera edición de Radioanálisis, Sohr explicó que el eje principal de esta estrategia es limitar la influencia de China en la región. “El objetivo primordial es excluir a China, en la medida de lo posible, de América Latina en términos económicos, políticos y, especialmente, de infraestructura”, detalló, mencionando la preocupación de Washington por la construcción de puertos estratégicos financiados por Beijing como un ejemplo.
En este contexto, Cuba vuelve a ser una prioridad para Estados Unidos. “Para Washington, Cuba siempre ha sido un obstáculo”, señaló el analista, recordando que la isla ha sido un objetivo constante de la política estadounidense desde la Revolución de 1959. Actualmente, el bloqueo al suministro de petróleo se presenta como el principal instrumento de presión. “La característica central de la política actual es impedir que el petróleo llegue a la isla”, subrayó.
Las consecuencias internas de esta situación son graves. “Ya se están produciendo cortes de luz de 10 a 12 horas diarias”, advirtió Sohr, explicando que Cuba depende de centrales térmicas obsoletas y carece de fuentes de energía alternativas suficientes. Según estimaciones internacionales, las reservas de petróleo de la isla no superarían un mes.
A pesar de las dificultades, Sohr destacó la respuesta de la población cubana. “La gente ha reaccionado con tranquilidad y resignación”, dijo, refiriéndose a un concepto clave: el “cubanismo”. “No se trata de una adhesión al régimen, sino de la defensa de la soberanía. Dicen: el régimen puede no gustarnos, pero Cuba es Cuba”, explicó.
Una dinámica similar, según Sohr, se observa en Venezuela tras la intervención estadounidense. “Hay una reacción muy clara: una cosa es el régimen y otra el petróleo. El petróleo es venezolano”, afirmó. Para el analista, el modelo aplicado en Caracas es inusual. “No fue una invasión clásica, sino una suerte de secuestro del presidente y la imposición de condiciones: Estados Unidos se apropia del petróleo y deja al resto del país bajo tutela”.
Esta situación plantea numerosas interrogantes. “Nadie sabe cómo evolucionará la situación venezolana”, advirtió Sohr, cuestionando el impacto que tendría que empresas estadounidenses controlen el principal recurso del país. “Esto tiene enormes consecuencias políticas”.
Respecto al papel de otras potencias, Sohr descartó una división rígida del mundo en esferas de influencia. “Las relaciones internacionales son dinámicas. No es que cada país se encierre en su zona”, explicó. China y Rusia, señaló, evalúan los costos y beneficios en un contexto global marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones en Asia.
Finalmente, el analista proyectó el impacto de este escenario en Chile, en un momento de transición política. “Sin duda, habrá relaciones más estrechas con Estados Unidos”, afirmó, aunque advirtió sobre las crecientes presiones. “La pregunta clave es qué hará Chile frente a China, que es nuestro principal socio comercial”.
Sohr recordó episodios recientes, como la cancelación del contrato para pasaportes con tecnología china tras las advertencias de Washington. “Ese es un ejemplo claro de las presiones a las que Chile podría verse sometido con mayor fuerza en el futuro”, concluyó.
