Tanto humanos como animales comparten una notable capacidad para percibir el sufrimiento de otros y responder con comportamientos de consuelo. Sin embargo, la motivación detrás de esta respuesta, y las razones por las que a veces falla, ha sido poco comprendida.
Investigadores de UCLA Health buscaron comprender mejor este fenómeno en un nuevo estudio publicado en Nature, que reveló los circuitos cerebrales en ratones que vinculan dos comportamientos sociales aparentemente distintos: el cuidado de la descendencia vulnerable y el consuelo a compañeros angustiados. Los hallazgos proporcionan la primera evidencia neural directa de una hipótesis evolutiva de larga data: que el impulso biológico de ayudar a otros puede tener sus orígenes en la maquinaria ancestral del cuidado parental.
Por qué es importante
Los científicos han especulado durante mucho tiempo que el comportamiento prosocial, las acciones para ayudar y consolar a otros, puede haber evolucionado a partir de sistemas neuronales desarrollados inicialmente para apoyar el cuidado de la descendencia indefensa. Pero hasta ahora, los circuitos cerebrales específicos que podrían vincular estos dos comportamientos nunca se habían identificado.
Este estudio proporciona evidencia neurobiológica concreta de esa conexión evolutiva y, al hacerlo, ofrece un nuevo marco para comprender las raíces de la empatía y la motivación social, y por qué pueden verse interrumpidas en condiciones como la depresión, el trastorno del espectro autista y otras afecciones psiquiátricas marcadas por el aislamiento social.
Qué hizo el estudio
El estudio estableció que los animales que son mejores padres también son mejores ayudantes: los ratones que pasaron más tiempo cuidando a sus crías también dedicaron más tiempo a consolar a compañeros adultos estresados. Esta relación fue específica y no reflejó una sociabilidad general u otras tendencias de comportamiento autodirigido.
Al monitorear la actividad neuronal, los investigadores encontraron que neuronas específicas en el área preóptica medial (APM) –una región conocida por su papel en la crianza– se activaron cuando los animales se encontraron con adultos estresados. Luego demostraron que silenciar las neuronas reclutadas durante las interacciones con las crías provocó que los animales redujeran el comportamiento de ayuda hacia los adultos estresados, demostrando un vínculo causal directo entre los circuitos que respaldan la crianza y el comportamiento prosocial.
Finalmente, el equipo identificó una vía de la APM que se proyecta hacia el sistema de recompensa por dopamina del cerebro, que controla bidireccionalmente ambos comportamientos. Tanto el consuelo como la crianza desencadenaron la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, el «centro de recompensa» del cerebro, lo que sugiere que ayudar a los demás es intrínsecamente gratificante, y que esta recompensa está mediada por el mismo circuito que hace que el cuidado parental sea motivador.
Qué encontraron
En conjunto, estos hallazgos respaldan la idea de que la evolución no construyó el comportamiento prosocial desde cero. En cambio, los sistemas neuronales evolucionados para el cuidado de la descendencia pueden haber proporcionado un andamiaje para el surgimiento de un apoyo prosocial más amplio entre adultos. La APM, que antes se consideraba principalmente un centro de crianza, emerge de este estudio como un centro más general para el cuidado dirigido a otros.
Próximos pasos
Las investigaciones futuras tienen como objetivo comprender por qué algunas personas son más prosociales que otras. Los investigadores también están explorando si la interrupción de este circuito contribuye a los déficits sociales observados en modelos animales de trastornos neuropsiquiátricos y si restaurar su actividad podría ofrecer un objetivo terapéutico.
Opinión de los expertos
Mostramos que los mismos circuitos que permiten a los animales cuidar de su descendencia también impulsan los comportamientos de ayuda y consuelo hacia los adultos angustiados, destacando una base neural común que puede dar forma a la empatía, la cooperación y la formación de comunidades sociales de apoyo.
Weizhe Hong, Autor Senior del Estudio y Profesor de los Departamentos de Neurobiología y Química Biológica, Universidad de California – Los Ángeles
Fuente:
Referencia del diario:
Sun, F., et al. (2026). Shared neural substrates of prosocial and parenting behaviours. Nature. DOI: 10.1038/s41586-026-10327-8. https://www.nature.com/articles/s41586-026-10327-8.
