Mientras el programa 4 Ristoranti se acerca a su conclusión en el canal Nove, con votaciones confirmadas y revisadas, continúa la faceta de Alessandro Borghese al volante. Para el chef más vanguardista de la televisión italiana, la pasión por el automovilismo es una tradición familiar transmitida de generación en generación. En la historia familiar, la vocación por la carretera precedió ampliamente a la pasión gastronómica.
La conexión del chef con el automovilismo tiene raíces profundas y nobles, comenzando con su abuelo Vincenzo, un entusiasta que desafiaba el peligro en los Stanguellini, vehículos de carreras artesanales nacidos en Módena, y que lamentablemente perdió la vida en el circuito. Sin embargo, la creencia en la velocidad contagió a su padre, Luigi Borghese, un motociclista que montó legendarias motocicletas de las marcas Harley-Davidson, Suzuki, Yamaha y Ducati. Para Alessandro, la chispa saltó en la infancia, cuando, junto a su padre, veía los Grandes Premios en televisión.
Mito de pista: el precio
Incluso antes de aprender a equilibrar los sabores de un plato, Borghese aprendió sobre mecánica. De niño, su curiosidad lo impulsaba a desmontar y modificar cualquier cosa con ruedas, desde ciclomotores hasta bicicletas, impulsado por el deseo de entender cómo “mejorar” la máquina. La búsqueda obsesiva de la armonía en la pista continúa hoy en día con el Porsche GT3, como le cuenta a Top Gear Italia: si sus compromisos se lo permiten, Alessandro disfruta de espectaculares salidas con el automóvil alemán.
Esta preferencia se basa en sólidos fundamentos: es la encarnación más pura del ADN de carreras de Stuttgart trasladado a la carretera. Bajo el capó late el legendario motor bóxer de 6 cilindros y aspiración natural de 4.0 litros, un propulsor capaz de alcanzar las 9.000 revoluciones por minuto y entregar 510 CV. En su generación actual, el Porsche de carreras detiene el cronómetro en 3,4 segundos de 0 a 100 km/h, alcanzando una velocidad máxima de 318 km/h. Gracias a su aerodinámica extrema y chasis derivado de la competición, el GT3 alcanza niveles de calidad raros, y no sorprende que su precio supere los 200.000 euros.
Alessandro Borghese se siente tan cómodo al volante que a menudo es él quien conduce la famosa furgoneta de 4 Ristoranti durante los largos viajes por Italia. No le importa tomar el control del vehículo, al contrario, lo estimula, recordando las tardes que pasaba admirando a los mitos del automovilismo, razón por la cual no se priva de incursiones en los paddocks de la MotoGP, a veces acompañado por su amigo Max Biaggi. Para Alessandro Borghese, la cocina y el automovilismo comparten la misma energía visceral hecha de adrenalina e intuición. En ambos mundos, el secreto sigue siendo el ritmo: saber cuándo cambiar de marcha, cuándo frenar y cuándo acelerar al máximo para encontrar la “imperfección perfecta”.
El fenómeno de 4 Ristoranti: un viaje infinito
El programa que lo consagró ante el gran público, Alessandro Borghese – 4 Ristoranti, es en esencia la extensión natural de su doble alma. A bordo de su furgoneta, el chef transforma la competición gastronómica en una verdadera historia “on the road”. Por un lado, demuestra su técnica, por otro, deja que el instinto prevalezca: lo importante es saber gestionar su trayectoria con pasión y carácter.
