La proliferación de plástico en los cementerios de Irlanda se ha convertido en un problema creciente, con graves implicaciones económicas y ambientales. Un reciente recorrido por un cementerio de 70 acres en Dublín reveló la omnipresencia de plásticos, desde flores artificiales y espuma plástica hasta macetas abandonadas y adornos navideños.
Estos plásticos, derivados del petróleo, no se biodegradan y persisten durante siglos, fragmentándose en microplásticos que contaminan el agua, el suelo y la cadena alimentaria. La fauna marina, como aves, tortugas y ballenas, se ve particularmente afectada, ya sea por la ingestión de estos materiales o por el enredo en ellos.
El problema no se limita a Irlanda. En el Reino Unido, los crematorios generan 14.670 metros cúbicos de espuma floral y plástico de un solo uso que terminan en vertederos cada año, equivalentes a seis piscinas olímpicas llenas de residuos plásticos. Aunque no existen datos específicos para Irlanda, se estima que los aproximadamente 30.000 entierros anuales podrían generar una cantidad similar de residuos plásticos que perdurarán por generaciones.
Si bien la elección de utilizar plásticos en estos contextos es comprensible debido a su durabilidad y bajo costo, las consecuencias económicas son significativas. Los ayuntamientos locales destinan fondos públicos a la recolección y eliminación de estos residuos, mientras que las empresas de gestión de residuos deben cumplir con objetivos de reutilización y prevención, así como con compromisos legales relacionados con la economía circular.
Existen iniciativas para abordar este problema. En 2019, el Ayuntamiento de Wigan, en el Reino Unido, colaboró con una empresa local para reutilizar los adornos florales de plástico, reemplazando las flores originales con flores de seda y revendiendo los arreglos a precios reducidos.
La espuma floral, en particular, representa un riesgo ambiental significativo. Al descomponerse en los vertederos, libera microplásticos y sustancias químicas tóxicas que afectan a la fauna acuática. Un estudio australiano de 2019 demostró que esta espuma es más tóxica para los insectos acuáticos que otros tipos de plástico.
Para mitigar este problema, se propone que las funerarias irlandesas ofrezcan alternativas sin plástico como opción predeterminada. Además, los operadores de cementerios y los ayuntamientos locales podrían colaborar con productores de flores de temporada locales, como Flower Farmers of Ireland, para ofrecer opciones más asequibles y sostenibles, impulsando así la economía local y reduciendo la dependencia de las importaciones de plástico.
La visión a largo plazo es transformar los cementerios en espacios conmemorativos que fomenten la biodiversidad, donde la flora y la fauna prosperen, y donde los seres queridos sean recordados no con la permanencia dañina del plástico, sino con plantas y árboles que, como nosotros, regresen a la tierra. Especies como la hiedra, el trébol blanco y las nomeolvides no solo simbolizan la memoria y la esperanza, sino que también proporcionan alimento para los polinizadores.
En definitiva, los cementerios podrían convertirse en verdaderos refugios de vida, espacios naturales en el corazón de las ciudades y pueblos, donde las personas puedan reunirse para recordar, reflexionar y conectar con la naturaleza, en lugar de alejarse de ella. Un retorno al ciclo natural de la vida: polvo al polvo, tierra a tierra.
