La columna de consejos parentales “Care and Feeding” de Slate ha recibido una consulta particularmente inquietante. Una madre, visiblemente angustiada, descubrió que su hijo de 13 años, “Chris”, y sus amigos han creado una apuesta sobre quién será el primero en tener relaciones sexuales. La situación ha generado una profunda indignación en la madre, quien considera informar a los padres de los otros chicos involucrados e incluso replantearse las amistades de su hijo.
Su esposo, sin embargo, minimiza la situación, argumentando que este tipo de pensamientos son comunes en chicos de esa edad y que no vale la pena “crear problemas”. La madre se pregunta si tiene la responsabilidad de alertar a los demás padres.
La respuesta de “Care and Feeding” no se centra en condenar la apuesta en sí, sino en la oportunidad que presenta para una conversación más profunda sobre sexualidad responsable. Se cuestiona si el problema principal es la amistad de Chris con estos compañeros, o la necesidad de guiarlo hacia una comprensión más madura y respetuosa del sexo.
La columna enfatiza que los padres deben ayudar a su hijo a desarrollar un marco de pensamiento saludable sobre la sexualidad, más allá de la competencia y la ostentación. Reconoce que estas conversaciones serán incómodas y que el hijo probablemente seguirá teniendo ideas inmaduras, pero que el esfuerzo parental es crucial para influir en su desarrollo.
Se aconseja a la madre intervenir si la situación escala a comportamientos dañinos, pero se le insta a centrarse en criar a su hijo para que sea una persona que no vea el sexo como un juego de apuestas. La clave, según la columna, está en la educación y el diálogo abierto.
En otro caso abordado en la columna, una pareja se enfrenta a un desafío diferente: su hija de 3 años, “Jada”, ha comenzado a expresar sus opiniones con una franqueza sorprendente, incluso llegando a decirle a su abuela materna que su pastel de carne “apestaba”. Los padres se preguntan cómo enseñar a su hija a equilibrar la honestidad con la cortesía, teniendo en cuenta su corta edad.
La respuesta sugiere que, a los 3 años, es natural que los niños digan lo que piensan. Se anima a los padres a ayudar a Jada a comprender que no todos los sentimientos o opiniones deben compartirse con todos, y que es posible ser honesto sin herir los sentimientos de los demás. Se enfatiza que no se trata de enseñar a mentir, sino de fomentar la consideración hacia los demás.
—Nicole
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Una lectora comparte su experiencia con una hija de 3 años y medio que ha comenzado a experimentar con las mentiras, diciendo cosas como “No hice eso” después de haberlo hecho claramente. La madre busca orientación sobre cómo abordar este comportamiento, enseñándole a su hija la importancia de la honestidad sin reprimir su capacidad de expresarse.














