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Sénégal: experts et économistes cherchent des «alternatives» au FMI pour régler la dette

by Editora de Negocio mayo 13, 2026
written by Editora de Negocio

El pasado martes 12 de mayo se analizaron los pormenores relacionados con la deuda en Dakar. Durante el desarrollo de los hechos, se registró la ausencia del primer ministro, Ousmane Sonko.

Al respecto, la ministra de Justicia, Yacine, describió la situación de la deuda en la capital como «sufrida».

mayo 13, 2026 0 comments
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Senegal: Críticas al FMI por la Deuda Pública

by Editora de Negocio febrero 7, 2026
written by Editora de Negocio

En medio de una fuerte turbulencia económica en Senegal, Alioune Tine, una figura prominente de la sociedad civil, ha alzado su voz con contundencia. En un duro alegato presentado durante el lanzamiento del informe Ndiaye-Kessler este viernes, el fundador de Afrikajom Center responsabiliza al gobierno y a las instituciones financieras internacionales por la creciente crisis de la deuda, que considera ahora una cuestión de supervivencia y derechos humanos.

El defensor de los derechos humanos, quien se pronunció durante la jornada Agora/Penc, argumenta que la crisis de la deuda ya no es simplemente un cálculo contable, sino una amenaza generacional para el pueblo senegalés. “La crisis de la deuda es una prueba para este régimen, incluso su prueba definitoria. El éxito o el fracaso de esta estrategia serán los que se evalúen”, enfatizó. “En caso de fracaso, no seremos las únicas víctimas; incluso las generaciones futuras podrían verse afectadas”, advirtió con seriedad.

Tine aplaudió la oportunidad que ofrece el informe Ndiaye-Kessler a la población, pero denunció con vehemencia la exclusión del contribuyente senegalés en las negociaciones sobre la deuda y en la búsqueda de soluciones que inevitablemente impactarán en su vida, considerando que “cada deuda contraída es un impuesto para el futuro”. “La deuda la pagamos nosotros, por lo tanto, tenemos derecho a opinar”, afirmó con firmeza.

Detrás de estas cifras y tasas astronómicas (entre el 119% y el 130% del PIB), Tine vislumbra los rostros de miles de senegaleses, a quienes denomina “gorgorlou”, que se verán gravemente afectados sin comprender plenamente los verdaderos desafíos.

“Para nosotros, la cuestión de la deuda es: ¿qué comeremos mañana? ¿Podremos pagar la escolaridad de nuestros hijos?”, expresó.

El FMI en el banquillo de los acusados

En su enérgico alegato, Alioune Tine dirigió una interpelación directa al Fondo Monetario Internacional (FMI). En un momento en que el debate sobre la “deuda oculta”, estimada en miles de millones de dólares durante la era de Macky Sall, sacude a la República, Tine se niega a eximir de responsabilidad a la institución de Washington.

“El FMI tiene una responsabilidad total. No puede decir que no lo sabía”, aseveró, uniéndose a la línea de defensa del Primer Ministro Ousmane Sonko. Para Tine, “el FMI debe dar explicaciones al pueblo senegalés” y dejar de imponer “recetas” sin una concertación real con las poblaciones, que son quienes finalmente pagan la factura.

Según su opinión, el reembolso de esta deuda nunca debe comprometer los derechos económicos y sociales. Instó a los acreedores a integrar el “respeto a los derechos humanos” en las negociaciones, considerándolo una prioridad por encima de cualquier otra consideración. “Es fundamental respetar los derechos fundamentales del ser humano, especialmente los derechos económicos, sociales y culturales. Esta es una recomendación contundente de muchos economistas. (…) Queremos pagar la deuda, pero necesitamos vivir y desarrollarnos”, insistió Tine.

Alertando sobre un posible efecto dominó que la situación senegalesa podría tener en el sistema bancario de la UEMOA, donde el Estado ha estado levantando fondos, Tine abogó por la cancelación total de la deuda.

Dirigiéndose al gobierno de Senegal, en particular al Primer Ministro, quien se niega rotundamente a considerar la reestructuración, Alioune Tine exigió que se detenga la toma de decisiones a puerta cerrada. “El gobierno no puede simplemente presentarnos algo (una opción, N. del R.) y dejarnos soportar las consecuencias mañana”, concluyó.

Autor: Thieubeu Ndiaye
Publicado el: Viernes 06 Febrero 2026

febrero 7, 2026 0 comments
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Negocio

Líbano: Presupuesto 2026 bajo tensión económica y reformas fiscales

by Editora de Negocio diciembre 30, 2025
written by Editora de Negocio

A pocas semanas de finalizar el año, Líbano se enfrenta a una situación sin precedentes al abordar el ciclo presupuestario de 2026. Según un diagnóstico interno del Ministerio de Finanzas, los ingresos públicos se han contraído aproximadamente un 66% entre 2019 y 2026, mientras que las necesidades del Estado se disparan debido a la reconstrucción en el sur, el aumento de los salarios públicos y los costos derivados de la crisis bancaria.

En este contexto, el gobierno y el Parlamento deben gestionar dos tareas simultáneas. Por un lado, la ley de financiamiento de 2025, que el gabinete decidió emitir por decreto a principios de primavera, encomendando al Ministro de Finanzas la tarea de revisar rápidamente la estructura de impuestos y tarifas. Por otro lado, el proyecto de presupuesto de 2026, que ahora se encuentra sobre la mesa de la comisión parlamentaria de Finanzas y Presupuesto, concentra todas las tensiones entre la exigencia de consolidación, la presión social y los imperativos de reforma.

Una doble ley de financiamiento bajo una restricción histórica

El nuevo equipo ejecutivo, formado en febrero en torno al presidente Joseph Aoun y al primer ministro Nawaf Salam, optó por ponerse al día en unos pocos meses con los retrasos acumulados en los textos presupuestarios. Una primera ley de financiamiento para 2025 fue aprobada por el Consejo de Ministros y debe ser publicada por decreto, tras un debate limitado en el Parlamento, en nombre de la urgencia. El jefe de gobierno insistió, al término de la decisiva reunión de marzo, en la necesidad de enmarcar la acción del ejecutivo en un contexto cuantificado, aunque imperfecto, en lugar de prolongar la acumulación de créditos provisionales.

Paralelamente, el Ministerio de Finanzas transmitió un proyecto de presupuesto para 2026, que fue remitido de inmediato a la comisión de Finanzas y Presupuesto. Es allí donde se libra ahora la batalla política y técnica. Los parlamentarios deben examinar, de forma sucesiva, dos textos que se suceden a un intervalo de un año, mientras que la maquinaria administrativa aún funciona a baja velocidad, la contabilidad pública arrastra décadas de retraso y las cuentas del Estado aún no han sido certificadas.

Un legislador de larga trayectoria al frente de la comisión recordó, en repetidas ocasiones, que ninguna ley de financiamiento debería ser votada sin cuentas anuales controladas, como exige la Constitución. Comparó la adopción de presupuestos sucesivos sin estas cuentas con la entrega de un “cheque en blanco” al poder ejecutivo, destacando la relación entre esta práctica y la explosión de la deuda y el posterior colapso de 2019.

Las cifras resumen la restricción. Un marco financiero elaborado por el Ministerio estima que el tamaño de las “finanzas públicas” –es decir, el conjunto de ingresos y gastos presupuestarios– se ha dividido por casi tres en términos reales entre 2019 y 2026. Esta contracción es producto del colapso de la actividad, la depreciación monetaria, la fuga de capitales y la incapacidad de la administración fiscal para seguir el ritmo de una economía cada vez más dolarizada e informal.

En estas condiciones, el presupuesto de 2026 no puede ser un simple ejercicio contable. Debe financiar al mismo tiempo un mínimo de servicios públicos –electricidad, salud, educación, seguridad–, apoyar los salarios públicos erosionados por la inflación, participar en la reestructuración del sector bancario y tranquilizar a los acreedores externos que vinculan cualquier ayuda a un retorno a la disciplina. La ecuación es aún más delicada debido a los limitados márgenes para aumentar los impuestos tras cinco años de caída del poder adquisitivo.

En los pasillos de la comisión de Finanzas: entre el rechazo a nuevos impuestos y el realismo presupuestario

Las sesiones de la comisión de Finanzas reúnen ahora en la misma mesa al Ministro de Finanzas Yassine Jaber, a los principales grupos parlamentarios y a los altos funcionarios del Tesoro. Para la ley de financiamiento de 2025, los diputados ya han revisado una primera serie de artículos y se han detenido en el núcleo del capítulo fiscal. Su posición es clara: no se contemplan agregar apresuradamente impuestos considerados punitivos, sin una visión general de la reforma.

Durante una sesión reciente, la comisión decidió suspender varios artículos del capítulo fiscal del proyecto de 2026, en particular aquellos que autorizaban al gobierno a cobrar un recargo del 3% sobre ciertas categorías de contribuyentes y entidades públicas antes incluso de calcular el impuesto adeudado. Los diputados pidieron al Ministerio que revisara estas disposiciones, consideradas técnicamente imprecisas y políticamente explosivas en un país donde la protesta contra los “nuevos impuestos” ya ha alimentado movimientos sociales.

Al mismo tiempo, la comisión elogió algunas medidas para combatir las rentas y los abusos, en particular el intento del Ministerio de romper monopolios, por ejemplo, en las estampillas fiscales, mediante la introducción de sistemas electrónicos. Estos puntos, ya mencionados durante el examen del presupuesto de 2025, se perciben como ajustes necesarios en un Estado donde se han construido circuitos paralelos sobre la escasez y la especulación.

El debate no se limita a los impuestos. Varios legisladores insisten en la necesidad de aclarar la política de endeudamiento del Estado, mientras que el gobierno continúa negociando con el Fondo Monetario Internacional y trabajando en la implementación de una ley de reestructuración bancaria adoptada en otoño. Esta ley establece un marco para tratar a los bancos insolventes y crea una comisión encargada de acompañar su reorganización, pero remite a un texto posterior la distribución de las pérdidas entre el Estado, las instituciones y los depositantes.

En este clima, las intervenciones más contundentes provienen de los representantes de los bloques más politizados. Algunos diputados cercanos a la corriente de la resistencia rechazan cualquier lógica de “austeridad bajo presión extranjera” y exigen que el esfuerzo principal se centre en la lucha contra la evasión fiscal, la recuperación de los fondos transferidos al extranjero y la renegociación de la deuda. Otros, más cercanos a los círculos empresariales, temen que un aumento selectivo de los impuestos sobre las empresas o el consumo pueda frenar una recuperación aún incipiente.

Reforma fiscal: un sistema agotado frente a la economía digital

En el trasfondo de estas negociaciones, existe un consenso entre los especialistas y en los pasillos del Parlamento: el sistema fiscal libanés, diseñado en la década de 1950, ya no es adecuado para la economía contemporánea. Se basa en una arquitectura denominada “esquemática”, que trata por separado las diferentes categorías de ingresos –salarios, beneficios comerciales, ingresos de capital– con reglas distintas, en lugar de aplicar un impuesto unificado sobre los ingresos globales. Esta fragmentación abre brechas considerables a la optimización y la evasión.

Un estudio reciente, ampliamente discutido en la prensa económica y citado en los debates, propone reemplazar este sistema con un impuesto sobre la renta único, que cubra todas las formas de ingresos, ya sean salariales, profesionales o financieros. El objetivo sería doble: simplificar la arquitectura fiscal y fortalecer la progresividad, por lo tanto, la equidad, reduciendo las posibilidades de trasladar artificialmente los ingresos de una categoría a otra para evadir los tipos impositivos más altos.

El texto también señala una falla masiva: la incapacidad del derecho actual para comprender la economía digital. Las grandes plataformas extranjeras de transporte, alquiler de viviendas, comercio electrónico o redes sociales generan ingresos significativos en Líbano, sin una presencia jurídica o fiscal efectiva. Se citan ejemplos específicos –servicios de coche con conductor, sitios de alquiler a corto plazo, gigantes del comercio electrónico, tiendas de aplicaciones y redes sociales globales– para ilustrar cómo estos actores recaudan ingresos en el mercado libanés sin pagar impuestos proporcionales.

Para corregir estas deficiencias, se proponen varias vías. La primera consiste en introducir en el derecho libanés el concepto de “presencia económica significativa”, que permitiría gravar a una empresa en función de su actividad real –número de usuarios, volumen de transacciones, ingresos generados–, incluso en ausencia de una oficina o personal en el lugar. La segunda sería hacer obligatorio el uso de un identificador fiscal único en todas las transacciones comerciales y bancarias, para vincular los flujos de ingresos a los contribuyentes y reducir el tamaño de la economía “en la sombra”.

La tercera vía, más ambiciosa, es de orden tecnológico. Los expertos fiscales proponen dotar a la administración de herramientas digitales capaces de explotar los datos de pago, e incluso recurrir a la inteligencia artificial para detectar automáticamente las incoherencias entre las declaraciones de ingresos y el nivel de vida aparente. También sugieren el uso de tecnologías de tipo blockchain para mejorar la trazabilidad de los flujos entre ministerios, limitar las falsificaciones y facilitar la cooperación internacional mediante la adhesión a mecanismos como los de lucha contra la erosión de la base imponible y el intercambio automático de información.

Para los autores de estas propuestas, las micro-medidas contenidas en los proyectos de presupuestos de 2025 y 2026 –recargos puntuales, ajustes sectoriales– no pueden sustituir a una reforma. Mientras el sistema siga fragmentado y masivamente tolerante con la evasión, los tipos impositivos nominales podrán aumentar sin que aumenten los ingresos reales. Por el contrario, una revisión centrada en los altos ingresos, las rentas y la economía digital podría generar más ingresos que una reducción generalizada de las clases medias ya exhaustas.

Deuda, salarios públicos y costo de la crisis bancaria: los tres nudos de 2026

La ley de financiamiento de 2026 también debe pronunciarse, al menos parcialmente, sobre tres nudos que condicionan el futuro de las finanzas públicas: la carga de la deuda, la masa salarial del Estado y la contribución del Estado a la resolución de la crisis bancaria.

En cuanto a la deuda, los márgenes de ajuste son estrechos. El Estado sigue en mora con sus eurobonos, a pesar de un ligero repunte de los precios en torno a 18 centavos de dólar, señal de una apuesta moderada de los inversores por la perspectiva de una reestructuración ordenada. Los intereses sobre la deuda interna, en gran parte en manos del banco central y el sector bancario, siguen alimentando un círculo vicioso en el que las necesidades de refinanciación alimentan la acumulación de atrasos.

En cuanto a los salarios públicos, el gobierno ha asumido un compromiso político: consolidar los aumentos concedidos en los últimos dos años a los funcionarios civiles, militares y jubilados, para evitar un colapso adicional del poder adquisitivo. El Ministerio de Finanzas anunció que las nóminas de noviembre fueron transferidas íntegramente al banco central y puestas a disposición a partir del día 27 del mes, insistiendo en su voluntad de garantizar la regularidad de los pagos. Pero estas cantidades, incluso ajustadas, siguen muy por detrás de la inflación acumulada, y su financiación grava fuertemente un presupuesto con ingresos reducidos.

La cuestión más sensible sigue siendo la participación del Estado en la resolución de la crisis bancaria. Una parte de la clase política aboga por que el Tesoro limite al máximo su contribución, en nombre de la protección de las generaciones futuras. Otros creen que la restauración de la confianza pasa necesariamente por un compromiso cuantificado del Estado, que permitiría recapitalizar los bancos viables, liquidar las instituciones irrecuperables y definir un horizonte para la restitución progresiva de los depósitos.

En este debate, varios economistas proponen esquemas precisos. Uno de ellos sugiere la creación de un fondo especial de unos 10.000 millones de dólares, financiado con las reservas libres del banco central y algunos activos, ante el cual los bancos podrían refinanciarse para satisfacer las necesidades de sus clientes, a cambio de garantías sobre su capital o sus bienes. Estima que este mecanismo permitiría reactivar el crédito, poner en movimiento el ahorro actualmente almacenado en billetes en los hogares y restaurar gradualmente el valor de las acciones bancarias, sin tocar las reservas de oro ni recurrir masivamente a la privatización de los activos públicos.

Por el momento, estos planes siguen siendo teóricos. El presupuesto de 2026 deberá integrar, de una forma u otra, las consecuencias de la ley de reestructuración bancaria adoptada recientemente, ya se trate de garantías aportadas a la nueva comisión de supervisión, provisiones para recapitalizaciones futuras o créditos destinados a la modernización de los órganos de control. Sin estas líneas, el texto correría el riesgo de ignorar uno de los principales determinantes del futuro de las finanzas públicas.

2026, año de transición presupuestaria bajo vigilancia interna y externa

El año 2026 se presenta así como una etapa de transición más que un punto de inflexión. El gobierno destaca un discurso de “reforma y transparencia”, multiplica los contactos con las instituciones internacionales y promete proteger a los depositantes distribuyendo más equitativamente las pérdidas. Se celebran reuniones periódicas con grupos que representan a los ahorradores del interior y de la diáspora en el Gran Serallo y el palacio presidencial, con la esperanza de desactivar una protesta que supera con creces las fronteras del país.

En paralelo, la comisión de Finanzas continúa sus sesiones a un ritmo sostenido para desglosar los capítulos del presupuesto de 2026, desde la parte fiscal hasta los créditos sectoriales. Sus miembros anuncian el color: pretenden rechazar los nuevos impuestos considerados arbitrarios, exigir un comienzo de ordenamiento de las cuentas e imponer al ejecutivo prioridades claras, especialmente en materia de apoyo a los servicios públicos esenciales. Los debates se anuncian aún más tensos porque cada línea presupuestaria se traduce, en la realidad, en una compresión del gasto en otros lugares o en un recurso adicional al endeudamiento.

Los socios extranjeros, por su parte, observan de cerca esta secuencia. Para los donantes bilaterales y multilaterales, la credibilidad de Líbano dependerá de su capacidad para pasar de una acumulación de leyes de financiamiento fragmentarias a un marco plurianual coherente, articulado a una estrategia clara sobre la deuda y los bancos. Las señales enviadas por el tímido repunte de los eurobonos, la celebración de conferencias económicas en Beirut y los compromisos asumidos por el gobierno en sus intercambios con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial siguen siendo, a día de hoy, marcadores de intención. Es en las cifras y los compromisos del presupuesto de 2026 donde se leerá, concretamente, la trayectoria que el país elegirá para sus finanzas públicas tras una de las peores crisis de su historia.

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diciembre 30, 2025 0 comments
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