En las facultades de Ciencias de la Información españolas, las aspiraciones profesionales de los estudiantes han experimentado una notable transformación a lo largo de las décadas. En los años 70, la figura del editorialista era la más codiciada; en los 80, la vocación se inclinó hacia el reportaje de guerra, y en los 90, la ambición se centró en convertirse en presentador de televisión. Posteriormente, los deportes ganaron popularidad, y actualmente, muchos estudiantes confiesan que su objetivo es ser ‘influencers’.
Este cambio refleja una evolución en la valoración de las profesiones periodísticas en España, pasando de la admiración por los grandes referentes del periodismo a una cierta incomodidad ante el auge del sectarismo alimentado por las tertulias televisivas. Si bien las tertulias no son inherentemente negativas –como demostró José Luis Balbín con su emblemático programa ‘La Clave’–, es fundamental que se promueva la pluralidad y la participación de expertos en la materia.
Los periodistas se enfrentan al desafío de equilibrar la objetividad informativa con la creciente importancia de la opinión. La polarización del debate público ha llevado a una situación en la que la falta de dogmatismo puede ser percibida como una debilidad, y la moderación, como un signo de obsolescencia.
A pesar de las dificultades, el periodismo sigue siendo esencial para el funcionamiento de una democracia saludable. La labor de escudriñar la realidad, analizarla desde diferentes perspectivas y comunicar los hallazgos al público es un oficio artesanal que requiere rigor y compromiso. El periodismo actúa como contrapeso al poder, dando voz a quienes no la tienen y proporcionando la información necesaria para que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas.
La responsabilidad de discernir entre lo que es beneficioso o perjudicial para la sociedad recae sobre los profesionales y las empresas periodísticas, guiados por la deontología profesional. Si bien es importante tener en cuenta la opinión de la mayoría expresada en el Parlamento, los periodistas no son políticos, sino guardianes de la verdad y defensores de la libertad de expresión. Hoy, celebramos el día de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas.
