El manejo de la obesidad se ha centrado tradicionalmente en la dieta, la actividad física y las intervenciones médicas. Sin embargo, factores emocionales y relacionales como la compasión, la conexión y la reducción de la vergüenza han sido históricamente subestimados.
Evidencia reciente sugiere que el amor y la compasión –definidos como el cuidado, la conexión y la amabilidad hacia uno mismo y hacia los demás– podrían ser catalizadores para un cambio de estilo de vida sostenible. Los enfoques basados en la compasión ayudan a reducir la vergüenza, el estigma y la desregulación emocional, promoviendo así el autocuidado y la motivación.
Se plantea que integrar el amor y la compasión en el tratamiento de la obesidad ofrece un enfoque más humano y potencialmente más eficaz para mejorar la salud y el bienestar de las personas que viven con esta condición.
