Un nuevo adyuvante capaz de estimular el sistema inmunológico podría prolongar significativamente la eficacia protectora de las vacunas de ARNm contra el COVID-19.
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El virus de Epstein-Barr: el «virus del beso» y su impacto en la salud
El virus de Epstein-Barr (EBV), conocido popularmente como el «virus del beso», es uno de los virus más extendidos en todo el mundo. Se estima que más del 95 % de la población adulta es portadora de este virus, el cual permanece en el organismo la mayor parte del tiempo en forma latente.

Este virus es reconocido principalmente por ser el desencadenante de la mononucleosis infecciosa (fiebre glandular de Pfeiffer). Esta afección se manifiesta a través de síntomas como fiebre alta, dolor de garganta intenso, inflamación de los ganglios linfáticos, agrandamiento del bazo y el hígado, además de un estado de agotamiento extremo.
Para la gran mayoría de las personas, una infección estándar de EBV no afecta significativamente la esperanza de vida. En adolescentes y adultos jóvenes, los síntomas suelen resolverse por sí mismos en un periodo de dos a cuatro semanas. Sin embargo, existe una condición rara y grave denominada Virus de Epstein-Barr Crónico Activo (CAEBV). Esta ocurre cuando el sistema inmunológico no logra controlar el virus de manera efectiva, lo que puede reducir la esperanza de vida si no se recibe el tratamiento adecuado.
En muchos casos, el virus puede reactivarse tras la fase aguda, especialmente ante situaciones de estrés, agotamiento o un sistema inmunológico debilitado. Las consecuencias de esta reactivación pueden incluir fatiga persistente, «niebla mental» (brain fog), dolores musculares e infecciones recurrentes. Asimismo, se ha vinculado con enfermedades autoinmunes y el Síndrome de Fatiga Crónica (ME/CFS), ya que el virus puede afectar la producción de energía mitocondrial y sobrecargar el sistema inmunitario a largo plazo.
Ante este escenario, la empresa AkuRy GmbH ha desarrollado el «Chip de Información EBV», un dispositivo portátil basado en el principio de gestión de información bioenergética. Estos chips utilizan frecuencias y fórmulas de vibración específicas que actúan sobre el organismo mediante resonancia para apoyar la regulación inmunológica durante procesos infecciosos relacionados con el virus.
El objetivo de esta tecnología es promover el equilibrio del sistema inmunitario, ayudar al cuerpo a regular bioenergéticamente las cargas virales y fomentar la vitalidad y recuperación natural. Algunos usuarios han reportado una mejora en la concentración, un aumento de la energía y un bienestar general más estable.
Avances en la comprensión del sistema inmunitario cerebral y el papel de la microglía
Nuevas investigaciones sugieren que el sistema inmunitario en el cerebro reacciona de manera similar ante diversas condiciones patológicas, tales como el Alzheimer, la esclerosis múltiple y los tumores.
En este ámbito, se han descifrado nuevos patrones de defensa inmunitaria centrados en la microglía. Estudios realizados por la Universidad de Freiburg han revelado que la microglía proinflamatoria es fundamental para mediar los mecanismos de retroalimentación negativa en la plasticidad sináptica inducida por el factor de necrosis tumoral alfa (TNFα), apoyando así la homeostasis sináptica y actuando como reguladora de la estabilidad y el cambio sináptico.
Estos hallazgos representan los primeros pasos hacia la implementación de terapias celulares para el tratamiento de enfermedades cerebrales.
La relevancia de estas líneas de investigación se verá reflejada en la Conferencia Europea de Microglía y Macrófagos del SNC 2026, un evento organizado por el Centro para la Investigación y el Avance del Cerebro y el Instituto de Neuropatología del Centro Médico de la Universidad de Freiburg.
Hace nueve años, un grupo de científicos en Mainz, Alemania, planteó un ambicioso plan: probar una nueva terapia contra el cáncer en uno de los tumores más agresivos que existen, el cáncer de páncreas.
El cirujano Vinod Balachandran, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center en Nueva York, viajó para participar en la investigación. Balachandran trata a pacientes con este tipo de cáncer con frecuencia y, lamentablemente, muchos fallecen en cuestión de meses después del diagnóstico. Sin embargo, observó que algunos pacientes sobrevivían, y al examinar sus tumores, encontró una cantidad notablemente alta de células inmunitarias, lo que sugirió una posible nueva vía de tratamiento.
Balachandran consultó con Uğur Şahin y Özlem Türeci, fundadores de BioNTech, quienes ya estaban investigando formas de dirigir el sistema inmunológico del cuerpo contra el cáncer. Según relató Balachandran, solicitó a Şahin y Türeci que aplicaran su medicamento más importante a este tumor particularmente letal, donde otros tratamientos habían fracasado, y ellos aceptaron.
El cáncer no surge de forma aislada. Los tumores crecen en un entorno complejo compuesto por vasos sanguíneos, tejido conectivo y células inmunitarias. La medicina oncológica moderna aprovecha esta interacción: las inmunoterapias buscan fortalecer el sistema de defensa para que ataque a las células tumorales. Sin embargo, nuevos datos sugieren que esta relación es más compleja de lo que se pensaba. En determinadas condiciones, algunas células inmunitarias pueden incluso favorecer el crecimiento del tumor.
Un equipo liderado por el profesor Mikaël Pittet de la Universidad de Ginebra (UNIGE) y el Ludwig Institute for Cancer Research ha investigado a fondo el mecanismo subyacente. El foco de atención son los neutrófilos, que normalmente son una fuerza de respuesta rápida contra las infecciones. Sin embargo, en el tumor, cambian su comportamiento y, por lo tanto, contribuyen al crecimiento continuo del cáncer.
Cómo cambian las células de defensa en el tumor
Los neutrófilos son uno de los tipos de glóbulos blancos más comunes del cuerpo. Atacan a las bacterias y suelen morir después de un corto tiempo. Sin embargo, en el tejido tumoral, su camino es diferente.
Los investigadores descubrieron que los neutrófilos son reprogramados en el tumor. El profesor Pittet explica: “Hemos descubierto que los neutrófilos atraídos por el tumor cambian su actividad. Comienzan a producir una molécula en el lugar que promueve el crecimiento tumoral”.
Esta molécula se llama CCL3. Es una sustancia mensajera con la que las células se comunican entre sí. Los resultados se publicaron en la revista científica Cancer Cell. Los científicos analizaron más de 190 tumores humanos y animales. Además, evaluaron datos de 8.305 pacientes de grandes bases de datos de cáncer.
La sustancia mensajera CCL3 prolonga la supervivencia de las células
En el tumor, los neutrófilos evolucionan. Al final de este proceso, surge una variante que produce especialmente mucha CCL3. Esta sustancia mensajera se une a un receptor llamado CCR1. Esto proporciona a las células una señal de supervivencia. No mueren después de un corto tiempo, como es habitual, sino que permanecen más tiempo en el tejido tumoral.
Indirectamente, apoyan así el crecimiento del cáncer porque alteran el entorno en el tumor. Las células inmunitarias que sobreviven más tiempo liberan otras sustancias mensajeras, atraen células adicionales y amplifican los procesos inflamatorios. Este entorno modificado facilita que las células cancerosas se dividan y se propaguen.
Los experimentos con ratones confirmaron esta relación. Cuando los investigadores eliminaron selectivamente el gen de CCL3 en los neutrófilos, los tumores crecieron más lentamente. La superficie del tumor también disminuyó.
Las áreas con bajo contenido de oxígeno intensifican el mecanismo
La diferencia fue especialmente clara en condiciones de falta de oxígeno. Estas condiciones prevalecen en muchos tumores porque están mal irrigados. En este entorno, los neutrófilos normales sobrevivieron aproximadamente tres días. Sin embargo, si les faltaba la sustancia mensajera CCL3, vivieron solo alrededor de un día y medio.
Las cifras ilustran la magnitud: después de dos días, todavía quedaba alrededor del 79 por ciento de las células normales. En las células sin CCL3, solo quedaba alrededor del 31 por ciento en ese momento. Esto significa que CCL3 actúa como una señal de protección. Ayuda a las células inmunitarias alteradas a persistir incluso en condiciones de estrés. Cuanto más tiempo permanezcan estas células activas en el tumor, más fuertes podrán mantener el entorno patológico y, por lo tanto, favorecer el crecimiento del tumor.
CCL3 proporciona indicios de tumores más agresivos
Ante este telón de fondo, los investigadores se plantearon una pregunta crucial: ¿juega este mecanismo también un papel en los pacientes?
En primer lugar, examinaron si los neutrófilos alterados influían en el éxito de las inmunoterapias modernas. Ese no fue el caso. La cantidad de estas células en el tumor no determinó cuán bien respondían los afectados a los llamados inhibidores de puntos de control, medicamentos que liberan el «freno» natural del sistema inmunológico para que las células de defensa ataquen a las células cancerosas.
La situación fue diferente con el curso de la enfermedad. El análisis de grandes datos de pacientes mostró que cuanto más neutrófilos especiales había en el tumor, más desfavorable era la evolución de la enfermedad. Esta relación se mantuvo incluso cuando se incluyeron otros factores de riesgo conocidos.
CCL3 podría servir como un marcador biológico adicional. En el futuro, este valor podría ayudar a evaluar con mayor precisión la agresividad de un tumor.
En resumen:
- Ciertas células de defensa pueden cambiar su papel en el tumor y apoyar el crecimiento del cáncer a través de la sustancia mensajera CCL3.
- CCL3 asegura que estas células sobrevivan más tiempo en el tumor, especialmente en áreas con poco oxígeno, y está relacionado con el curso de la enfermedad.
- La cantidad de estas células inmunitarias puede ayudar a evaluar mejor la agresividad de un tumor como marcador futuro.
Por cierto: No solo en el propio tumor el sistema inmunológico puede impulsar involuntariamente el cáncer, sino que una inflamación intestinal crónica también pone a las células de defensa en un estado de alerta constante que se extiende hasta la médula ósea y puede favorecer el cáncer de colon. Para saber cómo funciona este ciclo y qué nuevos enfoques terapéuticos ofrecen esperanza, más información en nuestro artículo.
Imagen: © Mikaël Pittet / UNIGE
