Un reciente estudio publicado en la revista médica BMJ sugiere que las tasas de autismo en hombres y mujeres podrían ser más similares de lo que se pensaba anteriormente. El análisis, realizado con datos de más de 2,7 millones de personas nacidas en Suecia entre 1985 y 2020, revela que la proporción de diagnósticos se equilibra con el tiempo.
En la primera infancia, antes de los 10 años, la proporción de niños diagnosticados con autismo es de 3 por cada 1, en comparación con las niñas. Sin embargo, esta diferencia se reduce progresivamente, hasta alcanzar un equilibrio cercano a los 20 años. Los investigadores señalan que la proporción de hombres y mujeres con autismo ha disminuido a medida que ha aumentado la edad de diagnóstico, lo que sugiere que la diferencia real podría ser menor de lo que se creía.
El estudio incluyó a más de 78.000 personas con un diagnóstico de trastornos del espectro autista (TEA). La detección del trastorno fue más frecuente en los varones entre los 10 y 14 años, mientras que en las mujeres se observó un pico entre los 15 y 19 años. Aunque el estudio no aborda directamente las razones por las que las mujeres suelen recibir un diagnóstico más tarde, los expertos continúan investigando este fenómeno.
Según Jorge Aguado, psicólogo clínico del Hospital Clínic e investigador de la Universidad de Barcelona, el estudio se basa en una sólida base metodológica gracias a la calidad del sistema de registros sueco. No obstante, advierte que las conclusiones podrían ser más aplicables a la población sueca, ya que se basan en diagnósticos registrados y no incorporan comorbilidades que podrían influir en la edad del diagnóstico.
La prevalencia del autismo ha ido variando a lo largo de los años. En 2012, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estimó que los niños tenían 4,7 veces más probabilidades de ser diagnosticados que las niñas. Esta proporción disminuyó a 4,2 a 1 en 2018, a 3,8 a 1 en 2023 y, según los datos más recientes de 2025, se sitúa en 3,4 a 1.
Una revisión de estudios realizada por la Academia Americana de Psiquiatría Infantil sugiere que la proporción real entre sexos podría ser más cercana a 3 a 1, coincidiendo con los hallazgos del presente estudio en la infancia. Los autores de esa revisión apuntaron a un posible sesgo de género en los criterios de detección del TEA, que tradicionalmente se han basado en características observadas en varones.
Otro factor que podría explicar la brecha de género es el fenómeno del “camuflaje”, por el cual las niñas con casos más leves aprenden a enmascarar sus síntomas para encajar socialmente. Los roles de género tradicionales, que fomentan la sociabilidad y la expresión emocional en las niñas, podrían facilitar este camuflaje.
El TEA es un trastorno del neurodesarrollo que se investiga desde mediados del siglo XX. Afecta aproximadamente a uno de cada 100 niños en edad escolar y se considera que está estrechamente relacionado con la genética. Sin embargo, el diagnóstico se basa principalmente en la observación clínica, ya que no existen pruebas médicas específicas. La evaluación clínica es subjetiva, lo que puede dificultar la detección del autismo, especialmente en casos leves.
Desde el primer estudio sobre el autismo, publicado en 1943, se ha comprendido que este trastorno es un espectro con distintos grados de severidad. Identificar el TEA es importante, ya que un diagnóstico temprano puede ayudar a las personas a comprender sus diferencias y acceder a los apoyos necesarios, mejorando su calidad de vida y reduciendo los problemas de salud mental asociados a no comprender lo que les sucede.
Estudios como este contribuyen a una mejor comprensión del autismo y reflejan un cambio en la forma en que se detecta y diagnostica este trastorno del neurodesarrollo.
