Infraestructuras, vivienda, redes. Portugal está invirtiendo fuertemente en obras, lo que impulsa el surgimiento de nuevas empresas y el retorno de actores consolidados tras la crisis. Mota-Engil destaca como líder, seguida de cerca por Teixeira Duarte, aunque otras compañías también muestran un crecimiento significativo.
La construcción de Portugal no es solo un programa, sino un proceso en marcha y de gran envergadura. Para 2026, el Estado prevé una inversión de 1.200 millones de euros para abordar la crisis habitacional, implementando además cambios regulatorios, principalmente incentivos fiscales, para fomentar la participación del sector privado. Paralelamente, avanzan importantes proyectos, con la línea de alta velocidad entre Lisboa y Oporto a la cabeza. Esta iniciativa, con una inversión inicial de 800 millones de euros, superará los 4.500 millones de euros en su totalidad.
El Plan Ferroviario contempla una inversión de 2.800 millones de euros hasta 2030, con un 15% ya ejecutado para 2026. A esto se suman los planes de expansión de los metros de Lisboa y Oporto, que representan conjuntamente 1.500 millones de euros. Además, se están llevando a cabo obras en carreteras, puertos e infraestructuras militares, así como las iniciativas del ministro Miguel Pinto Luz en el Área Metropolitana de Lisboa.
Este conjunto de proyectos representa una cartera considerable y transformadora, a la que se suma la inversión privada, que se espera sea robusta en un mercado inmobiliario con una oferta limitada. Los efectos se extienden al sector financiero, a las fusiones y adquisiciones, y a la demanda de mano de obra, que podría convertirse en un obstáculo para una expansión más acelerada. Sin embargo, el impacto más notable se observa en el sector de la construcción, que se recupera definitivamente de la recesión provocada por la crisis global de 2008 y 2009.
“Para el sector de la construcción y el inmobiliario, 2026 será un año clave, marcado por la fase final de ejecución del PRR [Plan de Recuperación y Resiliencia] y un mayor esfuerzo para responder a la crisis de vivienda”, afirma Manuel Reis Campos, presidente de la Confederación Portuguesa de la Construcción y el Sector Inmobiliario, en declaraciones al Jornal Económico (JE). “Las perspectivas apuntan a un crecimiento del sector claramente superior al de la economía en su conjunto”, añade.
La economía portuguesa creció por debajo del 2% en 2025 y se espera que se acelere hasta el 2,2% en 2026, para luego desacelerarse el año siguiente.
“2026 debe ser un año de pragmatismo en las políticas de inversión pública en proyectos transformadores para fortalecer la productividad y crear valor añadido, así como para atraer inversiones”, señala Carlos Mota Santos, presidente y CEO de Mota-Engil, al JE. Destaca como ejemplos clave el nuevo aeropuerto internacional de Lisboa, la alta velocidad, que debe ser una realidad a finales de la década, y las áreas de medio ambiente y transición energética, donde Portugal tiene un esfuerzo significativo que realizar en el fortalecimiento de la economía circular a través de la innovación, en la que las empresas portuguesas poseen las competencias necesarias para afrontar estos desafíos a medio y largo plazo.
Expansión internacional
Mota-Engil se ha consolidado como una multinacional. Su crecimiento se ha extendido más allá de Portugal, un país que quedó pequeño para las ambiciones del proyecto construido por António Mota, y ha buscado oportunidades donde la crisis era menor. La mayor parte de su negocio se realiza fuera de las fronteras portuguesas, en África y en América del Sur y Central.
En septiembre, su cartera de pedidos ascendía a 15.700 millones de euros. Posteriormente, ganó la licitación para la construcción y explotación del túnel sumergido que conectará las ciudades de Santos y Guarujá, en el estado de São Paulo, Brasil, un proyecto de 1.255 millones de euros. También obtuvo 1.020 millones de euros en proyectos ferroviarios en México, así como la concesión por 25 años del nuevo aeropuerto internacional de Luanda y la participación en el consorcio que explotará el Corredor del Lobito.
En Portugal, en el proyecto de alta velocidad, la gran infraestructura portuguesa en fase de concreción, Mota-Engil lidera el consorcio al que se le ha adjudicado la construcción del primer tramo, entre Oporto y Oiã. Este consorcio incluye a Teixeira Duarte, Alves Ribeiro, Casais, Conduril y Gabriel Couto, junto con DST y Somague. Todas estas empresas están en producción y en crecimiento.
El mercado reconoce esta dinámica. Mota-Engil ha aumentado su valor en dos tercios desde principios de año, a pesar de los intentos desestabilizadores de los vendedores en corto, cotizando actualmente a 4,86 euros y con una capitalización de 1.500 millones de euros.
En 2025, Teixeira Duarte también recuperó protagonismo en el ámbito empresarial, incluyendo su regreso al PSI, el principal índice de la bolsa portuguesa, nueve años después. Su cotización se multiplicó por ocho, alcanzando los actuales 66 céntimos por acción, lo que representa un valor de 276 millones de euros.
En conjunto, todo esto “permite al sector de la construcción asumir un papel reforzado como motor del crecimiento nacional”, afirma Reis Campos. “Será decisivo para la cohesión social y territorial, dependiendo, sin embargo, de una ejecución eficaz de las obras públicas, la simplificación administrativa y la mitigación de la escasez de mano de obra”, concluye. En otras palabras, es necesario actuar.
Edición Especial de Navidad del Jornal Económico de 19 de diciembre.

