Groenlandia, un territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca, es la isla más grande del mundo y es famosa por sus numerosos glaciares y paisajes helados. Esta región posee una singularidad notable, especialmente en su arquitectura.
A diferencia de la costumbre de pintar las casas con colores neutros y uniformes, en Groenlandia se utilizan tonalidades específicas o combinaciones de colores que funcionan como un código. Este vibrante paisaje contrasta con el entorno de los glaciares, generalmente oscuros con picos nevados blancos.
El uso de colores en las viviendas groenlandesas no es meramente estético, sino que tiene una función histórica. La tradición de codificar las casas con colores se remonta a la era colonial del siglo XVIII, cuando las estructuras de madera se enviaban desde Escandinavia en forma de kits prefabricados.
Originalmente, se utilizaban cinco colores básicos: rojo, negro, amarillo, verde y azul. La elección de estos colores se debía a la dificultad para conseguir otros pigmentos en aquella época. Los habitantes de Groenlandia empleaban los colores más accesibles disponibles.
Cada color tenía un significado específico. Según Ujammiugaq Engell, del Museo y Archivo Nacional de Groenlandia, el rojo se reservaba para edificios religiosos y para las casas de personas con profesiones particulares. “Esto significaba que cualquier edificio relacionado con estos aspectos, ya fuera una iglesia, una tienda o la residencia de un sacerdote, un comerciante o un empleado, se pintaría de rojo”, explicó.
Sin embargo, el color rojo estaba prohibido para las casas de los comerciantes, quienes debían utilizar el negro. El amarillo, por su parte, se destinaba a los edificios relacionados con la salud, como hospitales y las viviendas de médicos y enfermeras.
El verde simbolizaba las estructuras dedicadas a las comunicaciones, como estaciones de radio o dispositivos de comunicación personal. Finalmente, el azul se utilizaba para los edificios de la GTO (Organización Técnica de Groenlandia) y las fábricas.
El origen del código de colores
En aquella época, Groenlandia carecía de nombres de calles o números de casa. Por lo tanto, los colores se establecieron como una forma de identificar cada edificio y facilitar su diferenciación.
Actualmente, según Ujammiugaq, el sistema de código de colores ya no es obligatorio. Aunque algunos edificios aún conservan los colores tradicionales, no siempre corresponden a la profesión u función original del inmueble.
“Los propietarios de viviendas son ahora libres de pintar sus casas del color que deseen. Dado que el sistema de coordinación de colores nunca fue completamente rígido, siempre ha habido casas y edificios con colores que no se corresponden con las profesiones asociadas”, concluyó.
(aqi/das)
