A los 62 años, la exbailarina Marie-Claude Pietragalla sigue irradiando una elegancia que desafía al tiempo, con la discreta y casi secreta gracia de una verdadera artista. Aunque algunos la describen como reservada, incluso “poco accesible”, su intransigencia con la imprecisión y su compromiso con una disciplina interna inquebrantable son evidentes.
Esta rigurosidad tiene sus raíces en la infancia. De niña tímida pero hiperactiva, ingresó a la Ópera Garnier a los 10 años, encontrando en el ballet su primer y poderoso medio de expresión.
A partir del 12 de enero, Pietragalla dará vida a Barbara en un espectáculo unipersonal. Al igual que la icónica “dama de negro”, la artista se sumerge en la noche, cultiva el misterio y avanza con pasos lentos pero precisos. Una estrella que nunca temió a la oscuridad, siempre y cuando esta iluminara el camino correcto.
En 1993, Pietragalla tuvo la oportunidad de conocer a Barbara gracias a una amiga cercana que notó sus similitudes. Fue invitada a uno de sus conciertos y posteriormente a su camerino, donde Barbara la recibió con entusiasmo. Durante su encuentro, Pietragalla le comentó que veía a Barbara como una bailarina, dada la coreografía inherente a sus movimientos y la teatralidad de sus presentaciones. Un proyecto en común sobre el escenario fue entonces vislumbrado, pero lamentablemente, Barbara interrumpió sus espectáculos poco después, dejando ese sueño sin realizar.
