Si se tuviera que señalar un acontecimiento que ha marcado la segunda presidencia de Donald Trump, que cumplió un año el pasado 20 de enero, este se resumiría en tres letras: ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. La actuación de esta agencia se ha hecho visible en ciudades de todo Estados Unidos, donde miles de personas han sido detenidas con brutalidad por agentes encapuchados de ICE. Un caso particularmente impactante ocurrió en Minneapolis, Minnesota, con la muerte de Renee Nicole Good, abatida a tiros en su vehículo por un agente de ICE.
La violencia ejercida por ICE ha generado comparaciones con métodos fascistas, suscitando la preocupación de legisladores, incluyendo la senadora demócrata por Massachusetts, Elizabeth Warren, quien ha declarado que “ICE está fuera de control”.
Inicialmente, Donald Trump prometió la deportación de un millón de inmigrantes anualmente, calificándolos como “los peores de los peores inmigrantes ilegales”. Sin embargo, actualmente, ICE no se limita a actuar contra inmigrantes indocumentados considerados delincuentes. La agencia también persigue a personas sin documentos, migrantes legales sin antecedentes penales e incluso a ciudadanos estadounidenses con la documentación en regla.
