La gestión agronómica ha experimentado una transformación mediante la implementación de la fertilización variable basada en el mapeo de suelos por zonas. Este proceso permite que los datos recolectados se almacenen y se transformen en mapas productivos, los cuales facilitan la toma de decisiones futuras, específicamente en lo referente a la fertilización.
Tecnologías y sensores para la precisión edáfica
Para lograr una identificación precisa de la heterogeneidad del suelo, se utilizan sensores de última generación y técnicas de interpretación avanzada. Entre los más difundidos se encuentran los sensores de inducción electromagnética, que ofrecen lecturas de la conductividad eléctrica aparente (CEa), un indicador fundamental para estimar la textura, la humedad y la salinidad del suelo. Estos dispositivos permiten trabajar grandes extensiones con una inversión moderada.
Asimismo, se emplean sensores de reflectancia próxima, como los espectrorradiómetros portátiles, que permiten analizar de forma no destructiva indicadores como el carbono, el nitrógeno y la materia orgánica.
Impacto en la sostenibilidad y la producción
La aplicación de estas técnicas permite suministrar los insumos únicamente donde y cuando son realmente necesarios. Este enfoque no solo mejora la rentabilidad del cultivo, sino que también reduce los desperdicios y eleva la sustentabilidad de las explotaciones agrícolas.
Además, el uso de un enfoque geopedológico-geoestadístico para la creación de mapas de fertilidad híbridos auxilia a los productores campesinos en la toma de decisiones sobre las superficies específicas donde se requiere la aplicación de nutrientes para sus cultivos.
