No hay un colapso ruso, pero sí un atasco parcial de la ofensiva de primavera-verano que Moscú preparaba, y ese atasco coincide con contraataques ucranianos muy localizados.
Ucrania ha demostrado que puede recuperar terreno, desorganizar planes rusos y golpear la retaguardia. Pero no ha roto el patrón dominante del conflicto: una guerra de desgaste en la que Moscú sigue amenazando con su masa, su profundidad estratégica, su control sobre la población y su capacidad de seguir atacando.
Ese equilibrio inestable (avance lento, contraataques puntuales y presión constante) sigue definiendo el curso de la guerra.
