La cineasta Schanelec explora una artificialidad deliberada en sus diálogos, alejándose de la representación realista del habla cotidiana. Su interés reside en la complejidad inherente al lenguaje, despojado de todo adorno y contexto.
Esta búsqueda de la irritación y la alienación se lleva al extremo en su trabajo. Schanelec ha recurrido en varias ocasiones a actores no nativos en sus películas – en “Meine Frau weint”, pocos miembros del elenco crecieron hablando alemán – y los desafía a pronunciar un alemán elevado, preciso y gramaticalmente impecable, pero con acentos marcados que crean un contraste sorprendente.
A pesar de la frialdad que a menudo caracteriza sus películas, Schanelec introduce momentos de ternura inesperados. Una escena particularmente conmovedora muestra a Carla, exhausta y emocionalmente vulnerable tras un largo viaje en bicicleta bajo la lluvia, llegando a casa de sus amigos. Allí, recostada en un sofá, encuentra consuelo en la silenciosa compañía de sus seres queridos, una imagen que evoca una pintura.
