Antonin Dvorak, el “genio con pinta de hojalatero” como lo describió Hans Von Büllow, fue un maestro en mezclar la alegría y el dolor en su música. Su Quinteto para piano y cuerda nº2, compuesto en el verano de 1887, es un claro ejemplo de esta habilidad. Dvorak, junto a su esposa Anna y sus siete hijos, disfrutaba de momentos de inspiración en su casa de Vysoká, cerca de Praga, donde la música y las excursiones familiares eran el pan de cada día.
La obra, rica en contrastes, explora temas de felicidad y melancolía. El primer movimiento presenta un tema principal lleno de “un rayo de felicidad sosegada”, contrastado por un tema secundario más doloroso y elegíaco. Dvorak revela sutilmente que este segundo tema es, en realidad, la “sombra” del primero.
El segundo movimiento, titulado Dumka, es el corazón de la obra. Esta forma musical, originaria de Ucrania, es una canción narrativa que puede ser tanto una balada como un lamento. La Dumka de Dvorak, con una duración de 14 minutos, se estructura en una compleja secuencia A-B-A-C-A-B-A. El tema A es melancólico, el tema B es ligero y alegre, aunque con toques de tristeza, y el tema C es vigoroso y rítmico. Curiosamente, el motivo musical principal del tema A también aparece en las Canciones de amor que Dvorak compuso en 1883, específicamente en la canción número 7, “El dulce poder de tus ojos”.
En 1883, Dvorak tenía 46 años y disfrutaba de una profunda conexión con su esposa, Anna, una talentosa cantante y pianista. Sin embargo, la sombra de la pérdida también planeaba sobre la familia, ya que habían perdido a tres hijos pequeños diez años antes, un dolor que Dvorak canalizó en su Stabat Mater.
El tercer movimiento, un Scherzo titulado Furiant, es una danza bohemia desbordante de optimismo. El optimismo continúa en el cuarto movimiento, donde el tema principal es una danza bohemia, complementado por otros dos temas: uno que evoca el bosque y otro con un aire de juego infantil.
Una interpretación memorable de esta obra maestra es la del Cuarteto Ebéne junto al pianista Menahem Pressler, grabada en vivo en París el 20 de diciembre de 2020. Ese día, Pressler celebraba su 90 cumpleaños, demostrando una vitalidad y técnica impresionantes, dignas del propio Dvorak.
