Un año y medio viajando por el mundo con un presupuesto de 15 euros al día. Así es la experiencia de Sara Meloni, una ciudadana italiana de 31 años que abandonó su empleo como educadora para emprender un viaje que la llevó por Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Camboya, Laos, China, Corea, Japón, Filipinas, Vietnam, Sri Lanka y Australia.
Sara Meloni, de 31 años y originaria de Como.
¿Cómo es posible viajar con un presupuesto tan ajustado?
“Se requiere una organización meticulosa. Al planificar un viaje, necesito organizar cada detalle, prever los gastos en alojamiento, comida, seguros y actividades. La clave es un compromiso y la capacidad de mantenerlo, sin dejarse llevar por los impulsos típicos del turismo. En el Sudeste Asiático es más sencillo, ya que el costo de vida es más bajo. Es fundamental tener espíritu de adaptación: a veces te encuentras sin ducha o agua caliente, o con un lavabo como baño y un colchón en el suelo para dormir. Son situaciones que pueden resultar incómodas, pero no insuperables. Lo que prevalece es la determinación de ver mucho”.
¿Cuáles fueron los momentos más difíciles durante estos meses?
“Adaptarse a diferentes estándares de higiene no siempre es fácil, especialmente en zonas remotas como Camboya o Indonesia. A menudo, me contenía para no mostrar incomodidad y evitar ofender, ya que esa es su normalidad. También tuve que lidiar con arañas venenosas o ratones en las habitaciones”.
¿El dinero siempre fue suficiente?
“No siempre. En Camboya, durante un mes, realicé trabajo voluntario en un jardín de infancia a cambio de comida y alojamiento. Era un proyecto de enseñanza para niños de familias con dificultades. En Australia, trabajé durante ocho meses para luego regresar a Asia”.
Su cuenta de Instagram, justgo_it, se convirtió en un diario de viaje. ¿Qué lugares considera prescindibles y cuáles los más destacados?
“Para mí, Corea es prescindible: es un país bonito, pero no logró cautivarme. Japón, en cambio, fue increíble, mientras que en Indonesia y Filipinas recibí la bienvenida más cálida y descubrí una cultura que me sorprendió gratamente. A estos lugares volvería sin dudarlo”.
¿Qué deja un viaje como este?
“Siempre fue un sueño, pero me frenaba el miedo a abandonar la seguridad que tenía y a enfrentarme a lo desconocido. Al final, aprendes que no existen montañas insuperables. Gran parte de nuestros miedos son imaginarios. Si las cosas hubieran salido mal, no habría perdido nada, como mucho habría vuelto a mi vida anterior. Este concepto es válido tanto para los viajes como para la vida en general. Y me gustaría que lo entendieran aquellos que se sienten inseguros y temerosos”.
