Un reciente estudio ha revelado que aproximadamente la mitad de las personas dejan de tomar medicamentos para la pérdida de peso en el transcurso de un año. Esta interrupción puede deberse a efectos secundarios comunes, como náuseas, o al elevado costo de estos fármacos, que en Estados Unidos pueden superar los 1.700 dólares mensuales.
La investigación, que analizó 37 estudios sobre la suspensión de diferentes medicamentos para adelgazar, encontró que los participantes recuperaban alrededor de 0,4 kilogramos al mes. Seis de los ensayos clínicos se centraron en semaglutida –el ingrediente activo de Ozempic y Wegovy, de Novo Nordisk– y tirzepatida, presente en Mounjaro y Zepbound, de Eli Lilly.
Durante el uso de estos dos medicamentos, los participantes perdieron un promedio de casi 15 kilogramos. Sin embargo, tras suspender el tratamiento, recuperaron 10 kilogramos en un año, el período de seguimiento más largo disponible para estos fármacos relativamente nuevos. Los investigadores proyectan que los participantes volverían a su peso original en 18 meses.
Además, se observó que los indicadores de salud cardiovascular, como la presión arterial y los niveles de colesterol, también regresaron a sus valores iniciales después de 1,4 años. Aquellos que siguieron programas basados en dieta y ejercicio, sin el uso de medicamentos, experimentaron una pérdida de peso significativamente menor, aunque tardaron un promedio de cuatro años en recuperar los kilos perdidos.
Esto significa que las personas que tomaron medicamentos recuperaron peso cuatro veces más rápido. Según Sam West, autor principal del estudio y de la Universidad de Oxford, “una mayor pérdida de peso tiende a resultar en una recuperación más rápida”. No obstante, un análisis independiente demostró que el aumento de peso fue “consistentemente más rápido después de la medicación, independientemente de la cantidad de peso perdido inicialmente”.
‘Un punto de partida, no una cura’
Los investigadores sugieren que esto podría deberse a que las personas que aprenden a comer de manera más saludable y a hacer ejercicio con mayor frecuencia, tienden a mantener estos hábitos incluso al recuperar peso. El Dr. Jebb enfatizó que los fármacos GLP-1 “son una herramienta valiosa en el tratamiento de la obesidad, pero la obesidad es una condición crónica y recurrente”.
“Se esperaría que estos tratamientos deban continuarse de por vida, al igual que la medicación para la presión arterial”, añadió Jebb. Esta necesidad de tratamiento a largo plazo podría afectar la evaluación de la rentabilidad de estos fármacos por parte de los sistemas de salud nacionales. “Estos nuevos datos dejan claro que son un punto de partida, no una cura”, afirmó Garron Dodd, investigador en neurociencia metabólica de la Universidad de Melbourne, quien no participó en el estudio.
“Un tratamiento sostenible probablemente requerirá enfoques combinados, estrategias a largo plazo y terapias que remodelen la forma en que el cerebro interpreta el equilibrio energético, no solo la cantidad de comida que consumen las personas”, concluyó Dodd.
-Agence France-Presse
