Un estudio reciente publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia sugiere que el hábito de cocinar regularmente podría estar asociado con una reducción del 30% en el riesgo de desarrollar demencia. La investigación, basada en el seguimiento de más de 2.000 adultos mayores durante varios años, encontró que quienes preparaban sus propias comidas con frecuencia mostraban una mejor preservación de las funciones cognitivas en comparación con aquellos que dependían de alimentos preparados o comían fuera de casa con asiduidad.
Los autores del estudio destacan que cocinar implica una serie de actividades que estimulan el cerebro: planificación de menús, seguimiento de recetas, manejo de utensilios, control de tiempos y temperaturas, y toma de decisiones en tiempo real. Estas tareas activan funciones ejecutivas, memoria de trabajo y habilidades visoespaciales, factores clave para mantener la salud cognitiva con la edad.
Además, preparar alimentos en casa suele estar vinculado a una dieta más equilibrada, rica en vegetales, granos integrales y grasas saludables, y baja en ultraprocesados, azúcares añadidos y sodio — todos elementos conocidos por influir en el riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Aunque el estudio no establece una relación causal directa, sí refuerza la idea de que los estilos de vida activos y comprometidos, incluso en tareas cotidianas como cocinar, pueden tener un efecto protector sobre el cerebro. Los investigadores sugieren que fomentar la autonomía en la preparación de alimentos entre adultos mayores podría ser una estrategia accesible y de bajo costo para promover el envejecimiento saludable.
No obstante, advierten que se necesitan más estudios para confirmar estos hallazgos y explorar si el beneficio se debe principalmente a la actividad cognitiva involucrada en cocinar, a la mejora en la calidad de la dieta, o a una combinación de ambos factores.
