La temporada de gripe en Estados Unidos está experimentando un aumento significativo, con cifras alarmantes de hospitalizaciones y muertes. Según los últimos informes, al menos 5,000 personas han fallecido a causa de la gripe, y más de 120,000 han sido hospitalizadas. Esta situación ha provocado que la proporción de personas que buscan atención médica por síntomas gripales alcance niveles no vistos en casi 30 años.
El estado de Nueva York se encuentra particularmente afectado, con un promedio de 70,000 casos semanales. Las autoridades sanitarias describen la situación actual como una nueva ola de gripe, la más grave desde el inicio de la pandemia de COVID-19.
Una variante específica, conocida como la cepa “K”, está contribuyendo a la propagación de la enfermedad en todo el país. La efectividad de las vacunas contra esta cepa está siendo cuestionada, lo que genera preocupación entre los expertos en salud. Se han registrado 5,000 muertes asociadas a esta variante, marcando un nuevo máximo en 25 años.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informan que la actividad gripal es alta en la mayoría de los estados. Se insta a la población a estar atenta a los síntomas y a tomar medidas preventivas, como la vacunación y el lavado frecuente de manos.
