Alrededor de las 15:00 horas del 7 de febrero, Heddy Reynaud recuperó la consciencia tendido en el suelo, con el rostro y el cuerpo doloridos, y sin su teléfono móvil. Poco antes, el joven había concertado una cita con un hombre a través de la aplicación de encuentros Grindr. Sin embargo, al llegar al lugar acordado, en una calle de Niza, fue aislado en un callejón sin salida y agredido violentamente por dos hombres.
Su caso no es aislado. Desde hace varios años, se han denunciado regularmente emboscadas homófobas, y en los últimos meses han vuelto a producirse. En Nantes, este verano. En Sarreguemines (Mosela), a finales de octubre. En Montlouis-sur-Loire (Indre-et-Loire), el pasado 26 de noviembre. En cada ocasión, el mismo guion: se acuerda una cita a través de una aplicación destinada a la comunidad LGBTQ+. Pero una vez en el lugar, la trampa se cierra y la cita amorosa se convierte en una violenta agresión por parte de varios hombres, a veces encapuchados, que golpean y roban a sus víctimas. A menudo, entre los agresores hay menores.
“No existen cifras oficiales, ya que estas emboscadas no constituyen un delito autónomo”, explica Mathias Ott, delegado interministerial para la lucha contra el racismo, el antisemitismo y el odio anti-LGBT (Dilcrah) . Se incluyen dentro de los delitos denominados LGTBQfóbicos registrados por el…
