La tensión aumenta en el mar Arábigo tras la destrucción de un dron iraní por parte de fuerzas estadounidenses. Según fuentes militares, el dron Shahed135 se dirigía de manera agresiva hacia el portaaviones Abraham Lincoln, pieza clave de la flota enviada por Donald Trump a las costas de Irán. Un avión F-35 despegó del portaaviones y derribó el vehículo aéreo no tripulado, describiendo la acción como una medida defensiva.
Pocas horas después, dos patrulleras se acercaron a un petrolero de bandera estadounidense, ordenando detener la embarcación, considerablemente mayor en tamaño que las naves iraníes, pero desarmada. Miembros de los Guardianes de la Revolución Islámica amenazaron con abordar el buque, buscando impedir el paso por el Estrecho de Ormuz, situación que se resolvió con la intervención de un destructor estadounidense.
Dos provocaciones en el mar coinciden con los esfuerzos de los negociadores del régimen iraní por complicar las conversaciones con la Casa Blanca. De acuerdo con la publicación digital Axios, Irán solicitaría trasladar las primeras reuniones, programadas para este viernes, de Estambul a la capital de Omán. Asimismo, pedirían la exclusión de Turquía y algunos países árabes como observadores, buscando un encuentro directo entre Steve Witkoff, Jared Kushner y Abbas Araghchi, el ministro de Asuntos Exteriores enviado por Teherán.
Fuentes israelíes citadas por medios locales indican que países como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita buscarían obtener concesiones de Irán en relación con su programa de misiles y su apoyo a grupos como Hezbollah. Por el momento, el mandato de Araghchi se limita a abordar la cuestión del programa nuclear.
A pesar de los incidentes en el Golfo Pérsico, la Casa Blanca reitera que “la reunión está confirmada y el presidente Trump está comprometido con la diplomacia”. No obstante, el líder estadounidense ha advertido que “todas las opciones siguen sobre la mesa” en caso de fracaso de las negociaciones. A principios de enero, Trump había amenazado con un posible ataque, en un contexto de fuerte represión interna que habría causado la muerte de más de 30.000 manifestantes. Posteriormente, anunció que “las ejecuciones capitales habían sido detenidas”.
Witkoff llegó ayer a Israel para reunirse con el primer ministro Benjamin Netanyahu y Eyal Zamir, jefe del estado mayor, quien se encontraba en Washington el fin de semana pasado. Teherán ha advertido que, en caso de un ataque estadounidense, la respuesta se dirigiría tanto contra el Estado judío como contra las bases militares estadounidenses en la región. Netanyahu, conocido como “Bibi”, reiteró al enviado de Trump que “no se puede confiar en Irán”, y fue él quien convenció a Trump, en su primer mandato, de retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear alcanzado por su predecesor, Barack Obama.
Según informes de la televisión pública, el primer ministro habría solicitado “luz verde” para una operación israelí contra Teherán. A mediados del pasado junio, Netanyahu ordenó bombardear sitios nucleares iraníes, un plan que concibió desde su regreso al poder en 2009. La ofensiva se convirtió en una guerra de 12 días, con el lanzamiento de misiles y drones contra ciudades israelíes, hasta que bombarderos estadounidenses se unieron a los ataques contra uno de los centros de desarrollo más protegidos. Finalmente, Trump impuso un alto el fuego.
