Las tasas de interés en pesos han experimentado una fuerte caída en las últimas semanas, ubicándose ahora por debajo del nivel de inflación. Consultoras especializadas han descrito este movimiento inusual como un posible giro en la política monetaria del Gobierno de Javier Milei. En términos económicos, explicaron que el objetivo principal es revitalizar el crédito, en un contexto de creciente preocupación por el aumento de la morosidad, que en muchos casos alcanza niveles récord, con el fin de sostener una actividad económica que se mantiene débil en los sectores dependientes del mercado interno.
Tras alcanzar un pico de volatilidad previo a las elecciones legislativas de octubre de 2025 –cuando los rendimientos superaron el 100% nominal anual–, las tasas iniciaron un descenso acelerado, primero hacia la zona del 50% a fines de año y luego hasta niveles cercanos al 20% la semana pasada. La magnitud y velocidad de esta baja no responden únicamente a una normalización, sino a un cambio en las condiciones financieras.
La señal más clara se observa en el mercado de dinero. Según Quantum Finanzas, la tasa de las operaciones de rueda simultánea –uno de los principales instrumentos de referencia del Banco Central– se sitúa actualmente entre el 18% y el 20% nominal anual, por debajo del promedio de febrero (24,5%) y muy lejos del 32,9% registrado en enero.
Esta tendencia se replica en el resto del sistema financiero. Los depósitos mayoristas (Tamar) han descendido de niveles superiores al 33% a por debajo del 30%, mientras que las tasas activas se mantienen elevadas, aunque sin reflejar completamente la disminución del costo de fondeo. El resultado es un sistema más selectivo, con un menor dinamismo del crédito y márgenes más amplios.
El fenómeno también se manifiesta en la curva en pesos. De acuerdo con LCG, las Lecap ofrecen rendimientos entre el 2,2% y el 2,4% mensual, por debajo de una inflación cercana al 3%, lo que implica tasas reales negativas. En las últimas semanas, incluso algunos tramos cortos han comprimido sus rendimientos desde niveles cercanos al 2,7% mensual hasta la zona del 2%, lo que refuerza la idea de un cambio más acelerado en las condiciones financieras. De esta manera, el esquema ha pasado de rendimientos positivos durante gran parte de 2025 a niveles negativos en la actualidad.
Este movimiento responde a un cambio en la mecánica monetaria. La compra de dólares por parte del Banco Central –superando los US$3600 millones en lo que va del año– implica la emisión de pesos. Durante la mayor parte del programa, este efecto se ha compensado con la esterilización para evitar presiones sobre las tasas y el tipo de cambio.
Sin embargo, en las últimas semanas, informes de Quantum, 1816 y Portfolio Personal Inversiones (PPI) han coincidido en que esta dinámica se ha moderado. El BCRA continuó absorbiendo liquidez, pero en menor medida, lo que incrementó la cantidad de pesos en el sistema y presionó a la baja las tasas. “En otras ocasiones, la reacción había sido la opuesta: retirar pesos y endurecer las tasas. Esta vez, no”, señalaron desde Econviews.
Este cambio se refleja en la liquidez. Según PPI, el stock de operaciones de REPO a un día superó los $4,2 billones la semana pasada, aunque descendió a la zona de $3,4 billones hacia el jueves, manteniéndose en niveles elevados. Para la consultora, este volumen evidencia la abundancia de pesos que continúa presionando a la baja los rendimientos, en un contexto donde la liquidez excedente no encuentra suficiente demanda de crédito.
Parte de esta dinámica también responde al comportamiento de los bancos: en un escenario de mayor morosidad y menor actividad, las entidades financieras reducen el crédito al sector privado y canalizan más fondos hacia instrumentos del Tesoro, que además ha estado colocando deuda por encima de los vencimientos y acumulando depósitos en el Banco Central.
Desde 1816 agregaron que las tasas de corto plazo se han estabilizado en torno al 20% en un contexto de liquidez holgada y curva comprimida, una combinación que sugiere que el mercado no anticipa un endurecimiento monetario a corto plazo. En la misma línea, en Quantum señalaron que la caída de tasas ha coexistido con un menor dinamismo del crédito y una mayor selectividad del sistema financiero.
En paralelo, los agregados monetarios han mostrado un equilibrio más matizado. Entre diciembre y marzo, la base monetaria creció apenas un 1,3% nominal, frente a una inflación cercana al 9%, lo que indica que, en términos reales, la cantidad de dinero siguió siendo contractiva. La combinación de la emisión por la compra de dólares y la absorción parcial ha configurado un esquema donde la liquidez ha aumentado en el margen, sin un desanclaje general.
Para Econviews, el escenario combina señales mixtas y depende de la estabilidad cambiaria, hasta el punto de definir el momento como un “veranito de tasas”. En la práctica, agregaron, “todavía es pronto para sentenciar, pero existen indicios de un giro en la política monetaria”.
Desde una perspectiva conceptual, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, planteó hace unas semanas que Argentina todavía opera bajo un esquema donde se “manejan cantidades” más que tasas, en un sistema financiero pequeño y poco profundo donde el canal de transmisión es débil.
Un informe de la consultora internacional GRIT reforzó esta lectura y sostuvo que el equipo económico avanza “all in” en una estrategia de compresión de tasas reales para reactivar la economía, lo que el mercado interpretó como un cambio de enfoque en la política monetaria.
Este diagnóstico se cruzó con el deterioro del crédito. Según Moody’s, la calidad de los activos fue el principal desafío para los bancos. La morosidad total alcanzó el 5,5% a fines de 2025 –con un 9,3% en familias y un 2,5% en empresas– y continuaría en aumento a corto plazo, tras un período de tasas altas, caída del salario real y menor licuación de deudas.
En este contexto, la menor disposición de los bancos a prestar también contribuyó a la baja de tasas. A su vez, en abril la demanda de pesos suele aumentar por factores estacionales, como la liquidación del agro y el pago de impuestos, lo que podría dar un margen transitorio para sostener el esquema.
Sin embargo, el escenario no estuvo exento de tensiones. La inflación se ha estabilizado en torno al 3% mensual y la caída de tasas ocurrió en un contexto de nominalidad aún elevada, mientras que el entorno internacional siguió siendo exigente para los activos emergentes.
