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Tatuajes: Riesgos para la salud revelados por la ciencia

by Editora de Salud

Un reciente estudio de la Universidad de la Suiza Italiana, liderado por el científico español Santiago Fernández González, ha revelado que los tatuajes podrían tener implicaciones para la salud más allá de lo estético. La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere que la tinta de los tatuajes tiende a persistir en los ganglios linfáticos, incluso de por vida, lo que podría aumentar la susceptibilidad a infecciones y ciertos tipos de cáncer.

El estudio, llevado a cabo por el Instituto de Investigación Biomédica de la universidad suiza, se centró en la toxicidad de los colores de tinta más comunes: negro, rojo y verde. Los resultados indican que la tinta no solo se aloja en la dermis, sino que también se acumula en los ganglios linfáticos, donde interactúa con las células del sistema inmunitario durante años. Esta interacción provoca la muerte de estas células y desencadena una respuesta inflamatoria crónica que puede afectar el correcto funcionamiento del sistema inmunitario.

“La inflamación es una respuesta natural del cuerpo ante las infecciones, pero una inflamación prolongada puede ser problemática”, explica Santiago Fernández González a RTVE Noticias. “En personas con enfermedades autoinmunes o alergias a los pigmentos, la respuesta inflamatoria puede ser más intensa. Además, la persistencia de la inflamación puede debilitar las defensas del cuerpo, aumentando el riesgo de infecciones o cáncer”.






La superficie de piel tatuada puede ser un factor decisivo desde el punto de vista inmunológico. ANDRÉ COELHO / EFE

La investigación detalla que la captura de la tinta por las células inmunitarias desencadena una respuesta inflamatoria en dos fases: una aguda, que dura aproximadamente 48 horas después del tatuaje, y una crónica, que puede prolongarse durante años. Esta fase crónica es la más preocupante, ya que los macrófagos, células encargadas de eliminar patógenos y células dañadas, no pueden digerir la tinta, lo que provoca su muerte celular. Este efecto es más pronunciado con las tintas roja y negra, sugiriendo una mayor toxicidad de estos colores.

Localización de los tatuajes y superficie tatuada

Según explica Fernández González, el cuerpo humano cuenta con alrededor de 600 ganglios linfáticos estratégicamente ubicados para detectar infecciones y células tumorales. Por ejemplo, los ganglios de la ingle controlan la linfa de las piernas, mientras que los de las axilas drenan la linfa de los brazos y el pecho. Por lo tanto, la ubicación del tatuaje podría influir en el tipo de enfermedades a las que una persona es más propensa. “Es posible que la afectación de ciertos ganglios linfáticos por la tinta aumente el riesgo de patologías específicas en la zona que drenan, aunque esto requiere más investigación”, señala el investigador.

Asimismo, la cantidad y el tamaño del tatuaje son factores importantes, ya que “cuanto mayor sea la superficie tatuada, mayor será la cantidad de tinta inyectada en el cuerpo y, por lo tanto, mayores podrían ser las consecuencias”.

Aunque aún no existen datos epidemiológicos sólidos que permitan cuantificar este riesgo, los investigadores enfatizan que las conclusiones deben interpretarse con cautela. “En los próximos años, los estudios clínicos proporcionarán una visión más clara del riesgo real asociado a los tatuajes, pero es importante concienciar a la población de que el tatuaje no es solo un procedimiento cosmético, sino que puede tener implicaciones para la salud”, asegura Fernández González.






Alrededor del 30% de la población española de entre 20 y 40 años tiene al menos un tatuaje. J. ETXEZARRETA / EFE

Mensaje tranquilizador

La Sociedad Española de Inmunología (SEI), a la que pertenece Santiago Fernández González, ofrece un mensaje de tranquilidad a las personas tatuadas, que en España representan a millones, especialmente entre los jóvenes –alrededor del 30% de la población de entre 20 y 40 años tiene al menos un tatuaje, según la Academia Española de Dermatología y Venereología–.

“Las personas tatuadas no deberían preocuparse en exceso”, afirma Óscar de la Calle, inmunólogo y secretario de la SEI. “La tinta se queda en el espacio intercelular, donde los macrófagos intentan eliminarla, pero eventualmente se saturan y mueren, lo que provoca inflamación. Sin embargo, esto no ocurre con tanta frecuencia, ya que las personas tatuadas no suelen desarrollar enfermedades relacionadas con este proceso, al menos según los datos epidemiológicos disponibles”.

De la Calle califica el estudio suizo como “un trabajo muy sólido”, pero considera que “no hay que alarmar a la población”. Destaca que la superficie de piel tatuada puede ser un factor determinante: “Si una persona tiene el 50% de su cuerpo tatuado, es lógico que esto pueda tener implicaciones, pero si alguien se tatúa un diseño pequeño, probablemente no experimente efectos adversos”.

“Una de las limitaciones del estudio es la falta de estudios epidemiológicos que analicen la relación entre tatuajes y enfermedades infecciosas o cáncer”, reconoce Santiago Fernández González. “La tendencia a realizar tatuajes de gran tamaño es relativamente reciente y requiere un seguimiento a largo plazo de los participantes. Sin embargo, investigaciones recientes han sugerido un aumento en el riesgo de ciertos tipos de cáncer, como el linfoma y el melanoma, en personas tatuadas, aunque se necesitan más estudios para confirmar esta asociación”.

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