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Taxis Autónomos: ¿Por Qué Francia se Queda Atrás?

by Editor de Tecnologia

En numerosas ciudades del mundo, solicitar un taxi ya no requiere más que un clic y la ausencia de un conductor. En San Francisco y Shanghái, estos vehículos sin piloto son cada vez más comunes en el paisaje urbano. Lo que antes parecía ciencia ficción se ha convertido en una realidad cotidiana para millones de personas. Mientras que los taxis autónomos se expanden rápidamente en Estados Unidos y China, Francia parece quedarse atrás.

Una tecnología ya normalizada en algunas metrópolis globales

En San Francisco, el ir y venir de coches blancos con sensores prominentes ya no sorprende a nadie. Los vehículos de Waymo, una filial de Alphabet, recorren la ciudad día y noche sin conductor a bordo. Basta con una aplicación móvil para solicitarlos, como se haría con un VTC tradicional. El interior está vacío, el volante gira solo, los pasajeros suben, ajustan la temperatura y el vehículo arranca. Se ha convertido en una rutina.

Waymo, Zoox (Amazon), Tesla o Cruise ya no son simples experimentadores. Operan flotas comerciales, realizando miles de viajes cada día. Waymo, por ejemplo, afirma haber alcanzado 14 millones de viajes en 2025, según L’Usine Digitale. Su expansión se extiende más allá de California, a ciudades como Austin, Miami, Las Vegas, e incluso Tokio o Londres en los próximos meses.

China no se queda atrás. En Pekín, Shanghái, Shenzhen o Wuhan, Baidu afirma realizar más de 250.000 viajes semanales con su flota Apollo Go, según CNBC. Su expansión se extiende ahora a Dubái, Zúrich y Singapur. En algunas zonas, los coches ya no llevan personal, ni al volante ni en supervisión remota. La normalidad, en estas metrópolis, adopta ahora la forma de un vehículo eléctrico silencioso, equipado con sensores, que avanza con precaución sin intervención humana.









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Por qué los taxis autónomos se imponen más rápido en Estados Unidos y China

Además de los avances tecnológicos, la capacidad de las grandes empresas para invertir masivamente explica su ventaja. Waymo ha construido una fábrica de 22.000 m² cerca de Phoenix, diseñada para entregar vehículos listos para circular en menos de 30 minutos. Baidu, por su parte, ha internalizado toda la producción de sus taxis RT6, diseñados para integrar los sensores directamente en el chasis. Esta estrategia reduce los costes y aumenta la fiabilidad del sistema, una elección decisiva para operaciones a gran escala.

Pero el elemento clave sigue siendo el ecosistema regulatorio. En Estados Unidos, algunas ciudades y estados han establecido “zonas de experimentación”, donde la conducción autónoma de nivel 4 está autorizada sin conductor de seguridad. Las autoridades locales validan los despliegues sin esperar una directiva federal, lo que permite a las empresas avanzar rápidamente. En Atlanta, por ejemplo, Waymo opera ya en más de 100 kilómetros cuadrados, con una cobertura casi equivalente a la de un taxi clásico, según informa France Info.

China sigue una lógica similar. Baidu prueba sus vehículos desde hace varios años en un marco estrechamente controlado, pero en evolución. Como resultado, Apollo Go ha acumulado ya más de 240 millones de kilómetros recorridos sin incidentes graves, según la compañía. El gobierno central apoya este sector como un pilar de la competitividad nacional, al igual que la inteligencia artificial o los vehículos eléctricos.

Lo que el retraso francés revela sobre las opciones políticas y económicas

Francia, por su parte, se mantiene en gran medida al margen de esta revolución. Es cierto que se han llevado a cabo algunos experimentos en Valence o Roland-Garros, con lanzaderas autónomas en ruta fija. Pero estos proyectos siguen siendo marginales. La normativa autoriza la conducción autónoma de nivel 3, siempre que el conductor conserve la posibilidad de retomar el control. El nivel 4, en el que el vehículo se dispensa totalmente de la intervención humana, sigue siendo casi inaccesible fuera de un uso muy controlado.

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Esta inercia se explica en parte por la complejidad del derecho europeo. La normativa de 2022 autoriza la producción de vehículos autónomos en pequeñas series, pero cada Estado miembro debe adaptar sus normas de conducción. En Francia, el conductor sigue siendo legalmente responsable, incluso si no toca el volante. Por lo tanto, ningún actor como Waymo o Baidu puede operar actualmente un servicio comercial en Francia.

Este retraso no es únicamente técnico. También revela un compromiso asumido entre innovación y estabilidad social. Integrar taxis autónomos en las carreteras francesas implicaría cuestionar profesiones enteras, desde el taxi hasta el VTC. También exigiría una transformación profunda del espacio urbano, para permitir que los sensores funcionen sin ambigüedad. Sin embargo, a diferencia de las ciudades estadounidenses diseñadas en torno al coche, los centros urbanos europeos son más antiguos, más densos y menos adaptados a una lectura automatizada del entorno.

Las pruebas en Londres o Múnich, previstas para 2026, podrían servir de trampolín europeo. Pero mientras el marco legal francés no cambie, los taxis autónomos seguirán siendo un espectáculo lejano, visto a través de las ventanas de un aeropuerto o en reportajes de otros lugares.

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