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A lo largo de la historia, hombres y mujeres —especialmente aquellos con mayores recursos económicos— han recurrido a tratamientos sumamente populares, aunque carecían de comprobación científica, con el objetivo de conservar la juventud, la belleza y la fuerza.
Entre estos métodos destacan el uso de estiércol de cocodrilo, tenias y mascarillas de carne cruda.
