El expresidente Donald Trump ha reconocido, de repente, que los demócratas lo están acorralando por la reciente ofensiva federal migratoria en Minnesota, según analiza Greg Sargent para The New Republic. Aunque preferiría no dar marcha atrás, Trump es consciente de la necesidad de calmar la creciente indignación.
Según Sargent, los medios ya han dictaminado que Trump ha “suavizado” su postura en lo que describe como una “guerra paramilitar” contra Minneapolis. Muestra un tono “cooperativo” en una conversación telefónica con el gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, y su administración espera “cambiar su estrategia” en relación con las redadas de ICE. Se habla de un “giro” y un intento de “desescalada” por parte de Trump.
Sin embargo, Sargent señala que esta percepción es engañosa. Trump estaría buscando un chivo expiatorio en Greg Bovino, un agente de la Patrulla Fronteriza, responsabilizándolo por las muertes de Renee Nicole Good y Alex Pretti, y reasignándolo a California. Ni los demás agentes federales involucrados en los tiroteos, ni la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, enfrentarán consecuencias o una investigación seria, y no hay indicios de un cambio significativo en las tácticas.
Lo que sí es cierto, según Sargent, es que Trump ha comprendido que los demócratas están lo suficientemente unidos y enfadados como para provocar un nuevo cierre del gobierno, exigiendo modificaciones al proyecto de ley de financiación del Departamento de Seguridad Nacional que limiten los poderes ejercidos en Minneapolis. Trump está desesperado por apaciguarlos para que la situación permanezca como está.
“Trump ha quedado visiblemente sorprendido por lo que ha desatado”, escribe Sargent. “Percibe que los demócratas ahora tienen una influencia inesperada sobre él, de ahí su esfuerzo por apaciguarlos antes de que restrinjan las competencias del Departamento de Seguridad Nacional. También ve que la opinión pública se ha vuelto en su contra debido a las ocupaciones y la difamación de las víctimas, por lo que instruyó a su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, para distanciarse de la descripción de Pretti como un ‘terrorista doméstico’ realizada por Stephen Miller, y ahora tiene a sus colaboradores filtrando información sobre su ‘giro’ y ‘desescalada’.”
En definitiva, Sargent concluye que la situación se le ha escapado de las manos a Trump, adquiriendo un impulso popular que ya no puede controlar. Y es evidente, añade, que Trump, el autoproclamado maestro manipulador de las pasiones populares, lo sabe tan bien como nadie.
