Han transcurrido más de cinco semanas desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, un conflicto impulsado por el presidente Donald Trump que ha generado fuertes críticas y cuya victoria definitiva parece aún lejana. A pesar de que Estados Unidos e Israel han mantenido la superioridad en el campo de batalla desde el principio, Irán ha logrado trasladar la confrontación al terreno económico. Al cerrar el Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio energético global, el régimen iraní ha provocado un aumento drástico en los precios del petróleo, los fertilizantes y otros productos básicos, lo que ha derivado en racionamientos y toques de queda en decenas de países. En Estados Unidos, el precio promedio del galón de gasolina ya supera los 4 dólares.
El presidente Trump ha alternado diversas estrategias en un intento por resolver esta compleja situación. Inicialmente, sugirió que el cierre del estrecho no representaba un problema real; posteriormente, afirmó que otras naciones se encargarían de gestionar la crisis. Sin embargo, el pasado domingo adoptó un tono radicalmente distinto a través de Truth Social, donde exigió la reapertura inmediata del estrecho bajo amenaza de bombardear puentes y plantas eléctricas en Irán.
La credibilidad de estas amenazas es motivo de debate, ya que Trump suele no concretar sus advertencias, un patrón que algunos comentaristas en línea han resumido con el acrónimo TACO (*Trump always chickens out*). No obstante, de llevar a cabo estas acciones, Estados Unidos podría lanzar ataques que afectarían a 93 millones de civiles, llevándolos, en palabras de algunos reportes, “de vuelta a la Edad de Piedra” en cuestión de horas.
¿Cuál es el origen del conflicto en Irán?
La guerra comenzó el 28 de febrero con una serie de ataques aéreos sorpresa lanzados por Estados Unidos e Israel. El presidente Trump ha ofrecido diversas justificaciones para estas acciones, alegando que buscaban eliminar una “amenaza inminente”, impedir que Irán desarrolle armamento nuclear o derrocar al régimen teocrático que ha gobernado el país durante generaciones.
Mientras algunos sugieren que Trump intenta alcanzar múltiples objetivos simultáneamente, analistas como Mara Liasson de NPR señalaron el lunes que parece que el mandatario está improvisando la estrategia sobre la marcha.
Por su parte, Irán ha implementado una táctica estratégica basada en el uso masivo de drones pequeños y económicos. Esta guerra asimétrica ha obligado a Estados Unidos e Israel a agotar sus reservas de costosos misiles interceptores.
Además, el régimen ha utilizado la geografía a su favor mediante el bloqueo del Estrecho de Ormuz. La reapertura de esta vía marítima se ha convertido en el objetivo central de la operación militar, ya que la administración Trump es consciente de que el conflicto podría percibirse como una derrota estadounidense si no se logra restablecer el paso.
La presión para reabrir el Estrecho de Ormuz
La pregunta sobre qué persuadirá a Irán a reabrir el estrecho tiene un valor estimado de 200 mil millones de dólares. Trump ha oscilado entre negar la gravedad del problema —afirmando la semana pasada que el estrecho se abriría “naturalmente” al finalizar el conflicto— y amenazar con una escalada agresiva de ataques.
Este proceso ha estado marcado por una serie de plazos establecidos y posteriormente extendidos. El 21 de marzo, Trump amenazó con “obliterar” las plantas eléctricas iraníes si el estrecho no se abría en 48 horas, pero extendió la fecha al 26 de marzo para facilitar las negociaciones.
El 26 de marzo, el plazo se movió nuevamente hasta la noche del 6 de abril. Finalmente, el 5 de abril, el presidente ajustó la fecha límite para hoy, 7 de abril, a las 8 p.m. Hora del Este, utilizando un lenguaje profano en sus redes sociales para intentar demostrar su determinación.
Impacto humanitario y legal de las amenazas
Más allá de la sinceridad de las amenazas, sus consecuencias potenciales son sumamente preocupantes. Según el derecho internacional, los ataques contra plantas eléctricas solo están permitidos si contribuyen directamente a operaciones militares. Un alto funcionario de la Unión Europea ha advertido que los bombardeos generalizados contra objetivos civiles serían “ilegales e inaceptables“.
Hasta el momento, las ofensivas de Estados Unidos e Israel han causado la muerte de 1,500 civiles y han provocado graves daños en infraestructuras iraníes, incluyendo puentes, centros industriales, zonas residenciales y campus escolares. Una nueva escalada podría interrumpir servicios críticos como la electricidad, el agua potable y la salud para millones de personas.
Tanto Estados Unidos como Irán han rechazado propuestas de alto el fuego que contemplaban una pausa de 45 días y una hoja de ruta para reabrir el estrecho. Sin una salida negociada, el mundo permanece en una cuenta regresiva incierta, pendiente de las publicaciones de Trump en Truth Social.
