Mientras Donald Trump recorría Graceland, la casa de Elvis Presley, admirando su estilo y diseño, se filtraban noticias sobre una llamada telefónica del presidente a Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, y la posibilidad de conversaciones directas con funcionarios iraníes más adelante en la semana.
Parecía que las negociaciones diplomáticas estaban en marcha, aunque la falta de detalles generaba suspicacias en todo el mundo, como cantaba el propio Elvis.
Medios estatales iraníes, citando una publicación en Truth Social del presidente Trump, afirmaron que este había retrocedido ante las amenazas. Funcionarios iraníes negaron cualquier conversación sustancial entre ambas naciones. El presidente, por su parte, mencionó “15 puntos de acuerdo”, pero se abstuvo de dar detalles concretos.
Incluso la mera perspectiva de estas conversaciones fue suficiente para impulsar el mercado de valores estadounidense y hacer que los precios mundiales del petróleo cayeran. Lo que parecía un día sombrío para las principales economías mundiales ahora ofrecía un rayo de esperanza para los inversores que buscaban una salida a este conflicto.
Trump ya regresó a Washington, donde comenzará una nueva cuenta regresiva de cinco días para posibles ataques estadounidenses a la infraestructura energética iraní.
Después de varios intentos y una visita a la casa del rey del rock, Trump podría haber dado la primera señal de un posible avance. O, quizás, simplemente se trate de la última estrategia del presidente para ganar tiempo ante el ultimátum que lanzó.
Durante su recorrido por Graceland, Trump reveló ser un gran fan de Elvis, y confesó que “Hurt” es su canción favorita. Sin embargo, dadas las circunstancias actuales, “It’s Now or Never” podría haber sido una elección más apropiada.
