Lo que comenzó como una noche tranquila jugando videojuegos para Ismael Acosta, un venezolano residente en México, se transformó en una velada de incertidumbre ante los acontecimientos que se desarrollaban en Venezuela en la madrugada del 3 de enero de 2026. Los bombardeos, sacados de la ficción, se convirtieron en una cruda realidad. Pasada la medianoche, hora local, recibió a través de un grupo de WhatsApp con amigos venezolanos –muchos de ellos radicados en diferentes países– noticias sobre lo que estaba sucediendo en Caracas. “Nunca imaginé que habría un bombardeo en mi país”, expresó Acosta.
“Una amiga me informó en el grupo que estaban bombardeando Fuerte Tiuna y que tuvieron que huir de su casa”, relató Ismael. Eran pasadas las dos de la mañana. A través de grupos de WhatsApp y redes sociales, comenzaron a circular videos de los hechos. Nadie sospechaba que se trataba de una operación para capturar a Nicolás Maduro, la cual, según cifras oficiales, dejaría alrededor de 100 fallecidos.
La noticia de la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, generó júbilo fuera de Venezuela. Con el paso de los días, muchos se preguntan qué ocurrirá si el chavismo cae definitivamente. De los 6,9 millones de venezolanos que abandonaron su país debido a la crisis –según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones–, es poco probable que regresen, aunque otros muchos sueñan con volver a ayudar a reconstruir la nación.
Una nueva Venezuela
Angimar Pérez considera que, incluso si se derroca al actual gobierno venezolano, el país nunca volverá a ser el que fue antes del chavismo. “Será una nueva Venezuela”, afirmó. Angimar recuerda que tenía apenas siete años cuando Hugo Chávez llegó al poder. En esa época, su madre trabajaba en una institución gubernamental y gozaba de buenas condiciones laborales, lo que permitía a su familia tener una buena calidad de vida. Nunca imaginó que esa fortuna se desvanecería gradualmente hasta el punto de no tener qué comer.
“Fui madre adolescente y criar a dos hijos en medio de la crisis fue muy difícil. Una noche, mi hija Victoria, se quedó con hambre y decidí que debía salir del país”, recordó Angimar, quien asegura que fue muy duro ver cómo amigos y familiares perdían peso considerablemente debido a la situación. Una amiga que vivía en México la ayudó con el pasaje de avión. En ese momento pesaba 40 kilos. Después de casi 10 años, ahora pesa 52 kilos y trabaja como modelo y fisicoculturista, algo impensable con la alimentación que recibía en Venezuela.
En México, Angimar comenzó trabajando como edecán, una profesión bien remunerada que le permitió sacar a sus dos hijos y a sus padres de Venezuela. Ha construido una carrera y una vida, por lo que no considera regresar a vivir a su país natal. “Sería como empezar de cero”, reconoció.
Según estadísticas de la Unidad de Política Migratoria del Gobierno de México, ella es una de los 100,000 venezolanos que residen en el país. En 2025, 34,141 venezolanos ingresaron al país de manera irregular, siendo el país de origen con mayor número de migrantes indocumentados.
Una larga reconstrucción
Dayana Medina, una ciudadana caraqueña de 33 años que reside en Chile, tampoco planea regresar a Venezuela, incluso si el régimen chavista cayera definitivamente. “Me fui de Venezuela con la perspectiva de que quizás no volvería, y eso no ha cambiado. Ya he construido una vida en el extranjero”, afirmó. Para ella, reparar el daño de casi 30 años no será sencillo ni rápido.
Considera que la intervención de Donald Trump podría desestabilizar al actual gobierno. “Pero hay que ser cautelosos; económicamente, Venezuela atravesará un período de sufrimiento, ya que esto generará especulación en los mercados. La situación económica será muy difícil para el venezolano común”, opinó la egresada de la licenciatura en ciencias fiscales.
Tenía 22 años cuando, junto con su pareja, abandonó su país para escapar de la crisis. Llegó a Argentina en 2016, país que alberga alrededor de 233,000 venezolanos con residencia permanente y 25,000 con residencia transitoria, según datos proporcionados este enero por el Ministerio de Seguridad de la Nación.
En 2019 se mudó a Chile, donde trabaja como analista de impuestos en una empresa de biotecnología. A partir de ese año, los venezolanos se convirtieron en el grupo de migrantes más numeroso en Chile, superando a los bolivianos, quienes lideraban la estadística en 2018. Según el censo oficial de 2024, en este país residen 669,408 migrantes venezolanos, representando el 38% de la población extranjera. Dayana afirma haber sufrido xenofobia, algo que no experimentó en Argentina. Sin embargo, su mayor dificultad no es la soledad ni adaptarse a una nueva cultura y dieta, sino no ver a su familia desde hace 10 años.
Una odisea para volver a Venezuela
Las colas y el hambre obligaron a Ricardo Chacón a salir de El Guapo en 2018. “Hubo un día en que tenía un hambre terrible, buscaba qué comer, todos estábamos así, y un amigo me regaló un pedazo de ñame. Pensé: ‘¿y después de esto, qué voy a almorzar mañana?’, porque en casa solo había agua”.
Migró a Brasil, donde vivió alrededor de un año, y luego cruzó a Perú, el segundo país con mayor número de migrantes venezolanos –1.7 millones, según la Plataforma Regional de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V). En 2023 se entregó en la frontera de Piedras Negras, en México, para llegar a Estados Unidos, donde estuvo detenido cuatro meses antes de ser liberado bajo el Estatus de Protección Temporal (TPS).
En 2021, la administración del expresidente Joe Biden designó a Venezuela para el TPS, permitiendo que un número significativo de venezolanos que ya se encontraban en Estados Unidos recibieran autorización de trabajo y protección contra la deportación. Hasta enero de 2025, 607,000 venezolanos estaban amparados por el TPS. Ricardo tiene un permiso migratorio para permanecer en ese país hasta 2026. “Pero no confío, porque se han detenido a amigos que tienen ese permiso”, aseguró.
Ricardo logró establecerse en Nueva York; comenzó como lavaplatos y hace dos años compró una moto para realizar entregas a domicilio. Dice que gana bien. “Trabajo todo el día, no hago nada más. Vine aquí a producir. Ya habrá tiempo para descansar, y lo haré en Venezuela cuando me toque. Sí me gustaría regresar en algún momento, pero solo cuando todo esté funcionando bien, y creo que eso tomará tiempo”.
Construir en país ajeno
Yomarilis Arcia, una ingeniera agrónoma venezolana, planea regresar a su país. “Volvería a mis raíces y a mi familia. Muchos dicen que regresar es retroceder, porque uno realmente debe comenzar de cero, pero yo creo que si tuve el valor de venirme a un país desconocido, sin nadie, y pude salir adelante, lo haré aún más rápido en mi país”.
A raíz de la situación económica en Venezuela, Yomarilis perdió su trabajo, lo que la obligó a emigrar. En 2021 decidió irse a Colombia, el país con mayor número de migrantes venezolanos –2.8 millones, según la R4V. Allí, la madrina de su hija, que en ese entonces tenía tres años, la ayudó a establecerse. Los primeros meses trabajó jornadas de quince horas al día en una carnicería, lo que le impedía pasar tiempo con su hija. Luego consiguió un trabajo en casa como agente de seguros, lo que le permitió cuidarla. Pero no fue fácil. “No podía convencer a los clientes por mi acento venezolano, porque creían que era una estafa. Fue un proceso muy duro, tuve que adaptar mi acento para poder vender”.
Originaria de Barlovento, considera que “uno realmente no construye en país ajeno”. Ella confía en que si Venezuela logra avanzar y ser igual o mejor que antes, podría encontrar más oportunidades en su país para trabajar como ingeniera agrónoma. “Eso no significa que no agradezca a Colombia todo lo que me ha dado”.
Han pasado más de diez días desde la captura de Maduro y la incertidumbre persiste. “No cantaría victoria todavía porque aún quedan muchos chavistas en Venezuela, tanto en el gobierno como entre sus simpatizantes. Murió Chávez y el chavismo siguió, por lo que será muy difícil que haya un nuevo gobierno. Es necesario remover a las personas que actualmente integran el Consejo Nacional Electoral, que es lo más importante para garantizar que las próximas elecciones sean más transparentes”, opinó Ismael. Aunque él no salió de Venezuela por la crisis (migró en 2009), le gustaría ver a su país próspero y visitarlo con frecuencia.
Para muchos venezolanos en el extranjero, las tensiones entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el exmandatario venezolano, Nicolás Maduro, no tendrían ninguna repercusión real en el curso del país. Pocos se imaginaban que habría una acción intervencionista, aunque las señales estaban ahí meses antes: más de un centenar de venezolanos asesinados en ataques dirigidos por Estados Unidos a presuntas narcolanchas y el cierre del espacio aéreo venezolano el pasado 29 de noviembre. Hoy, estos hechos han cambiado el rumbo de la historia de los venezolanos.
*Algunos nombres de las personas que compartieron su testimonio fueron cambiados para proteger su identidad
Artículo escrito por Yanin Alfaro para El Nacional
