Wall Street muestra un gran interés en que las inversiones y créditos por valor de 100.000 millones de dólares en Venezuela generen beneficios. Solo la presidenta interina, Delcy Rodríguez, puede garantizarlo, y no la líder de la oposición, María Corina Machado.
Como si nada hubiera ocurrido en Venezuela. En la ciudad de Puerto La Cruz, la jefa de Estado en funciones, Delcy Rodríguez, se dirige a trabajadores petroleros con el puño en alto y voz firme. “¡Basta de órdenes de Washington a los políticos en Venezuela!”, exclama, mirando directamente a las cámaras del canal estatal Venezolana de Televisión. Este tono es familiar desde hace un cuarto de siglo, ya que el movimiento del Comandante Hugo Chávez se ha mantenido en esta retórica antiimperialista durante todo este tiempo. Sin embargo, mientras los trabajadores de la empresa estatal PDVSA aplauden a regañadientes, muchos saben que la presidenta interina, que aquí alaba ruidosamente la revolución, está llevando a cabo su liquidación tras la fachada neobarroca del Palacio de Miraflores.
