Un reciente avance científico sugiere que la vida en Marte podría ser posible bajo ciertas condiciones experimentales. Un equipo internacional de investigadores ha demostrado que algunos microorganismos son capaces de sobrevivir y replicarse en suelos que simulan las condiciones extremas del planeta rojo, ampliando así los límites conocidos de la habitabilidad extraterrestre.
La pregunta de si es factible cultivar vida en Marte utilizando suelos que imitan sus características ha encontrado un nuevo enfoque. Los experimentos actuales confirman que ciertos microorganismos pueden sobrevivir y multiplicarse en condiciones de sequedad y baja disponibilidad de agua similares a las que se encuentran en Marte. Sin embargo, el cultivo de plantas requiere estrategias específicas, como la adición de nutrientes concretos o la integración de organismos simbióticos.
Investigadores de la Universidad de Aberdeen y el Centro de Astrobiología de España, liderados por Jyothi Basapathi Raghavendra, Maria-Paz Zorzano y Javier Martin-Torres, llevaron a cabo un estudio donde se demostró que bacterias obtenidas de ambientes desérticos lograron replicarse y aumentar su ADN en simuladores de regolito marciano. Esta replicación microbiana se observó incluso con niveles de actividad de agua tan bajos como 0,34, un valor que hasta ahora se consideraba inviable, ya que el umbral aceptado era de 0,585.
La actividad de agua, un factor clave en estos experimentos, indica la cantidad de agua libre disponible en el suelo para el desarrollo microbiano. El equipo utilizó suelos basálticos enriquecidos con yeso y sales para emular el regolito marciano, y cuantificó el ADN para confirmar el crecimiento bacteriano, incluso en condiciones de gran aridez.
Los científicos sometieron los suelos simulados a diferentes niveles de humedad, manteniendo constante la temperatura y la presión. El mayor incremento de ADN se produjo en los suelos con mayor humedad, pero incluso se observó un aumento del material genético después de un mes de incubación.
Al comparar los diferentes grupos al día treinta, los resultados confirmaron estadísticamente la replicación microbiana en estas condiciones extremas. La validación microscópica y molecular descartó procesos no replicativos, reforzando la idea de que las células bacterianas estaban activas.
También se evaluó el papel de las sales hidratables. Al añadir un 5% de sulfato de magnesio al suelo, se logró que el regolito retuviera el doble de agua que el estándar, aunque el desarrollo bacteriano fue más lento. El máximo registrado fue de 3,2 nanogramos de ADN, en comparación con los 5-6 ng de otros escenarios.

Estos hallazgos amplían el margen para la existencia de vida en ambientes secos y plantean nuevos desafíos para la exploración espacial. El estudio cuestiona los límites establecidos por el comité COSPAR con respecto a las “Regiones Especiales” de Marte, que hasta ahora se definían por actividades de agua superiores a 0,5.
Los autores del experimento proponen revisar estos límites legales, ya que algunos microorganismos pueden replicarse con menos humedad de la que se consideraba anteriormente, lo que aumenta los riesgos de contaminación biológica en futuras misiones y refuerza la necesidad de mejores protocolos de esterilización.
Sin embargo, advierten que el experimento se realizó bajo presión y atmósfera terrestre. Replicar los resultados en ambientes con dióxido de carbono y baja presión –más similares a Marte– requerirá nuevas pruebas para acercarse a la realidad marciana.

En paralelo, la investigación liderada por Jessica Atkin examinó el cultivo de garbanzo (Cicer arietinum) en simuladores de suelo lunar. Según los expertos, ninguna planta produjo semillas sin la adición conjunta de compost de lombriz y hongos micorrícicos arbusculares; esta combinación permitió que algunas plantas florecieran y produjeran semillas, aunque el rendimiento fue bajo en comparación con los suelos agrícolas comerciales.
El análisis señala que el suelo lunar simulado contiene metales como aluminio y zinc, e impide una adecuada filtración de agua.
No obstante, la mezcla de compost y hongos simbióticos mejoró tanto la circulación de nutrientes como la masa seca de raíz y tallo, logrando que el peso promedio de semillas fuera comparable al de plantas cultivadas en tierra común cuando se empleó entre un 25% y un 50% de compost.

Todas las plantas cultivadas en suelo lunar simulado mostraron signos de estrés, como hojas amarillas y crecimiento restringido, lo que pone de manifiesto la necesidad de nuevas estrategias de bioremediación y microbiomas adaptados para el desarrollo agrícola fuera de la Tierra.
Los resultados de ambas líneas de investigación subrayan que aún no se han reproducido perfectamente las condiciones reales de Marte o la Luna, por lo que extrapolar estos datos a escenarios de colonización espacial requiere cautela y más estudios.
La capacidad de ciertos microorganismos de multiplicarse en regolito marciano simulado –incluso bajo extrema sequedad y sin fuentes externas de carbono– sugiere que la vida puede persistir en entornos que hasta ahora se consideraban incompatibles, marcando un nuevo umbral para la resiliencia biológica fuera de la Tierra.
