La intensificación del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya se extiende por seis semanas, ha desencadenado una creciente crisis humanitaria y un deterioro crítico en las condiciones de vida de la población civil en la región.
Impacto sanitario y bajas civiles
El aumento de la violencia ha provocado un incremento en las bajas y el empeoramiento de las condiciones civiles en Irán. Recientemente, un ataque aéreo en la zona de Baharestan, en Teherán, resultó en la muerte de 15 personas y dejó a numerosas personas heridas.
Este escenario de violencia en el Golfo se ha vinculado con una “lógica de control” que estaría “fertilizando el hambre”, afectando la seguridad y el bienestar de las poblaciones civiles mientras el conflicto continúa expandiéndose.
Amenazas a la infraestructura básica
La crisis humanitaria se ve agravada por las advertencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posibilidad de realizar ataques contra infraestructura civil y energética, incluyendo plantas de energía en Irán. El impacto sobre estas instalaciones críticas es un punto de preocupación central, ya que tales acciones podrían ser consideradas crímenes de guerra y profundizarían la precariedad de los servicios básicos esenciales para la salud y la supervivencia de la población.
