Con la llegada del invierno, fortalecer nuestra ingesta de vitaminas se vuelve esencial para preservar nuestra energía y salud. Descubre los hábitos que debes priorizar y los errores comunes que pueden comprometer tus reservas vitamínicas durante la temporada fría.
En resumen
- Prioriza los alimentos de temporada durante el invierno.
- Preserva las vitaminas cocinando con cuidado.
- Varía las comidas para apoyar la inmunidad.
El frío, la fatiga… y el plato: la clave para fortalecer la inmunidad
Al llegar los primeros días de frío, todos sacamos nuestros abrigos y empezamos a sentir un poco de cansancio. Pero antes de recurrir a los suplementos alimenticios, es importante considerar nuestra alimentación.
La buena noticia es que, a menudo, es más sencillo de lo que pensamos hacer el llenado de vitaminas, siempre y cuando adoptemos algunos hábitos adaptados a la estación.
Productos de invierno en el menú: la temporada ante todo
Uno de los errores frecuentes es priorizar, por facilidad o costumbre, alimentos insípidos o fuera de temporada. Sin embargo, es precisamente en invierno cuando el cuerpo necesita nutrientes específicos para hacer frente al frío. Es mejor optar por:
- Vegetales de raíz, coles y cucurbitáceas: remolachas, zanahorias, calabaza o brócoli están llenos de nutrientes esenciales.
- Cítricos, kiwis, frutas exóticas y frutas secas: verdaderos aliados para reponer fibra y antioxidantes.
Esta diversidad no solo aporta vitalidad y confort, sino que también evita la monotonía en el plato.
Saber cocinar para preservar las vitaminas
En cuanto a la preparación, existen algunos detalles que marcan la diferencia. A veces olvidamos que ciertas vitaminas, como la valiosa vitamina C, son particularmente frágiles.
Por ejemplo, un jugo de naranja recién exprimido pierde rápidamente sus beneficios: el jugo de naranja recién exprimido debe beberse dentro de los 30 minutos posteriores a su preparación, de lo contrario, ya no contendrá vitamina C. Además, no es necesario buscar la perfección inalcanzable: los vegetales congelados o enlatados representan una alternativa válida cuando no se tiene tiempo, lo esencial es la regularidad y la variedad en las comidas.
La inmunidad también se construye en otros lugares… y durante todo el año
Finalmente, creer que solo las vitaminas son importantes sería reduccionista. Un sistema inmunológico sólido se nutre de otros recursos: hierro, magnesio, zinc, pero también omega-3 o vitamina D (presentes en pescados, huevos o productos lácteos). Tampoco se puede olvidar el papel central del microbioma intestinal con una buena alimentación con yogures, frutas y verduras para mantener una flora intestinal armoniosa. Practicar actividad física regular sigue siendo esencial, incluso moderada, ya que estimula directamente nuestras defensas naturales.
En resumen, no se necesitan trucos complicados: una alimentación variada y adaptada al invierno sigue siendo tu mejor aliado para superar la temporada fría con serenidad.
