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Yeison Jiménez: ¿Quién hereda su música y fortuna?

by Editora de Entretenimiento

La partida de Yeison Jiménez resonó más allá de su música, abriendo un debate crucial en la industria: ¿quién administra y controla la obra de un artista tras su fallecimiento? Su legado no solo se compone de canciones, sino también de un patrimonio que plantea interrogantes sobre su gestión y protección.

Yeison Jiménez: su fortuna, quién hereda su música y cómo se administran sus regalías. Foto cortesía/VANGUARDIA

Publicado por: María Camila Ríos Tangarife, Abogada, NUMO GROUP

La reciente pérdida de Yeison Jiménez dejó un vacío en la música popular colombiana, pero también puso de manifiesto una pregunta poco abordada: ¿qué sucede con la obra y los beneficios económicos que genera cuando el artista ya no está? La música perdura, sigue sonando y generando regalías, convirtiéndose en un patrimonio que requiere administración, protección y comprensión, un punto de encuentro entre el arte, el derecho y los negocios.

En la industria musical, existe una creencia errónea: el éxito se traduce automáticamente en propiedad. Lograr llenar escenarios o acumular reproducciones no garantiza la posesión de la música. Una canción implica la coexistencia de diversos derechos –autor, compositor, intérprete y productor–, definidos generalmente por contratos firmados en las primeras etapas de la carrera del artista.

El caso de Yeison Jiménez revela otra faceta de esta realidad. Investigaciones periodísticas revelaron que poseía al menos nueve empresas activas y mantenía una agenda de trabajo muy demandada. Sus presentaciones podían alcanzar un costo de entre $100 y $200 millones, lo que le permitió construir una fortuna estimada en cerca de $50 mil millones.

Criadero La Cumbre, el sueño de niño de Yeison Jiménez.
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Esta prosperidad no fue casualidad. Yeison comprendió desde temprano que el éxito artístico debía ir acompañado de una estructura empresarial sólida. Creó YJ Company, una empresa que abarcó diversas áreas de negocio: promoción de conciertos, inversión en bienes raíces y comercialización de vehículos. Los activos de esta compañía superaban los $8.200 millones. A esto se sumó su pasión por los caballos, que convirtió en un negocio rentable, con activos estimados en cerca de $16 mil millones.

Sin embargo, lo más relevante no es la magnitud de su fortuna, sino la forma en que la protegió. Yeison fue claro en vida: era dueño de su música porque negoció desde el principio con asesoría legal. Los adelantos no implicaron la pérdida de la propiedad de sus obras, optando por contratos de administración en lugar de cesión, una decisión que hoy marca la diferencia entre un legado ordenado y uno en disputa.

Cuando un artista fallece, sus derechos patrimoniales pasan a sus herederos. No obstante, heredar no siempre implica tener control total. Muchas familias descubren tarde que la obra está sujeta a contratos extensos que limitan la gestión de la música, incluso cuando sigue generando ingresos.

De esta historia se desprenden lecciones valiosas: no firmar sin comprender, priorizar la administración sobre la cesión y planificar el futuro desde el inicio. Hablar de contratos, regalías y derechos no resta valor al arte, sino que le brinda estabilidad y protege su legado.

Yeison Jiménez deja un repertorio de canciones que seguirán sonando por años, pero también un mensaje implícito: el verdadero éxito no reside solo en ser escuchado, sino en mantener el control sobre lo que se crea. La pregunta final es si la industria está dispuesta a aprender esta lección antes de que sea demasiado tarde.

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