El discurso de Zelenski debe entenderse en el contexto de las circunstancias actuales. Ucrania está experimentando el invierno más severo de los últimos diez años, con temperaturas nocturnas que descienden por debajo de los -20 grados Celsius, mientras que Rusia ha destruido sus centrales de cogeneración. Zelenski es consciente de que Europa es el aliado más cercano de Ucrania, y su intervención en Davos fue una llamada de auxilio ante la actual crisis energética y la necesidad de una mayor determinación europea.
Esta solicitud de apoyo se centra tanto en la defensa aérea como en la asistencia financiera. El préstamo europeo a Ucrania, por valor de 90 mil millones de euros, ha llegado en un momento crucial, aunque es evidente que no es suficiente. También están en juego cuestiones relacionadas con la reconstrucción de Ucrania y su posible ampliación a la Unión Europea, un proceso que actualmente está bloqueado por Hungría.
Zelenski considera que este es un año decisivo para Ucrania. Se observa un creciente escepticismo hacia Europa dentro de la sociedad ucraniana, un sentimiento que coincide con la narrativa del Kremlin. Lamentablemente, también han surgido líderes de opinión en Ucrania que sugieren que el país no es necesario para nadie y que quizás no pertenece a Europa, proponiendo incluso una “tercera vía” que, desde la perspectiva de países como Letonia, se considera peligrosa.
Sin embargo, la gran mayoría del pueblo ucraniano desea ver a su país integrado en el mapa político europeo, y desde el punto de vista de los intereses de Letonia, es importante que Ucrania forme parte tanto de la Unión Europea como de la OTAN.
