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El autor evita presentar a Mijin de una manera lamentable o desolada. Por el contrario, la obra pone de manifiesto la vitalidad saludable de una persona que, a pesar de sus carencias, sigue impulsada por el deseo.
Se plantea que esta es una energía particular que solo alguien que no tiene nada, que se encuentra con las manos vacías, puede poseer.
