Los residuos textiles han dejado de ser considerados simples desechos domésticos para convertirse en una «bomba climática compleja» que representa una amenaza simultánea para la humanidad y los ecosistemas.
Esta problemática se intensifica en los vertederos, donde la descomposición de fibras orgánicas, como el algodón y el rayón, provoca la emisión de gas metano, agravando el impacto ambiental.
