Home Tecnología2016: La Nostalgia Digital y el Escape del Presente

2016: La Nostalgia Digital y el Escape del Presente

by Editor de Tecnologia

El otro día, al volver a Instagram después de un tiempo, lo primero que me apareció en mi feed fueron fotos de 2016. Al bajar, descubrí una avalancha de publicaciones similares: fotos editadas con VSCO, capturas de pantalla de Pokémon Go, vídeos de TikTok en su versión original como app de bailes, filtros de Snapchat, frases motivacionales en los pies de foto… una auténtica cápsula del tiempo digital.

Inspirado por este fenómeno en redes sociales, decidí explorar mi propio archivo personal para recordar mi 2016, un año marcado por la difícil experiencia de emigrar y comenzar una nueva vida al otro lado del Atlántico.

Al hacerlo, noté una sorprendente conexión. Independientemente de lo ajetreado que fuera mi año, las fotos, la ropa y la música que definieron esa época de incertidumbre en mi adolescencia resonaban con las tendencias que ahora veo resurgir en redes sociales, diez años después. Yo también había editado mis fotos con VSCO, utilizado filtros de Snapchat y grabado bailes de TikTok con audios acelerados. Pasé el verano entero obsesionado con Pokémon Go, seguía los vídeos de ElRubius y Yellow Mellow, y mis playlists estaban llenas de canciones de The Chainsmokers, Shawn Mendes, J Balvin y Sia.

Y es curioso cómo, a raíz de esta tendencia, 2016 se ha convertido en un año entrañable, cargado de nostalgia. Un tiempo en el que aún no habíamos asimilado la idea de una pandemia global, la creciente violencia de los últimos años y la sensación generalizada de incertidumbre que nos rodea.

Es cierto que ya existían problemas importantes, pero como generación éramos demasiado jóvenes para comprenderlos completamente. Nos permitíamos centrarnos en las cosas que ahora, una década después, se han convertido en tendencias virales, teñidos por la inocencia de la infancia.

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De hecho, si analizamos la situación en perspectiva, existen muchas similitudes entre el mundo actual y el 2016. Los nacionalismos estaban en auge con el Brexit y la victoria de Trump. Las redes sociales comenzaban a ser plataformas de polarización ideológica y el concepto de fake news ganaba terreno en el debate sobre los medios tradicionales frente a la digitalización. Hoy, vemos reflejos de esto en la vuelta de Trump a la presidencia, la agresividad de los algoritmos, los deepfakes y la inteligencia artificial.

En un contexto actual a menudo abrumador, encontramos consuelo en las tendencias de una época que percibimos como más sencilla. Dejamos de lado el juicio crítico y miramos con ternura un momento de nuestras vidas en el que el tiempo parecía detenerse, donde la vida se resumía en un vídeo de Snapchat con un filtro de orejas de perro, y donde aún sentíamos el privilegio de ir a nuestro propio ritmo.

Creo que, en parte, este tipo de tendencias son rentables. Es más fácil distraernos reviviendo la nostalgia de 2016 y añorando nuestra adolescencia que tomar conciencia del presente y buscar soluciones para evitar que las cosas empeoren. Requiere menos esfuerzo refugiarse en el pasado que asumir la responsabilidad del futuro.

Y es importante hacerlo. Es fundamental reconocer activamente dónde estamos y hacia dónde vamos. Porque, de lo contrario, en 2036 estaremos navegando por Instagram, TikTok o la plataforma de moda del momento, y nos encontraremos con publicaciones sobre lo “bien que estábamos en 2026”. Fotos de Adidas Sambas, vídeos de GRWM de LolaLolita y photo dumps cuidadosamente seleccionados. Olvidaremos, por conveniencia, los problemas actuales, aquello de lo que formamos parte, aquello de lo que huimos a través del filtro de la nostalgia, simplemente para evitar enfrentarnos a la realidad.

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