La órbita terrestre baja (LEO) podría enfrentarse a un colapso inminente, con tan solo 2.8 días de margen antes de que se vuelva inutilizable sin previo aviso, según advierten expertos. La creciente cantidad de satélites y desechos espaciales en LEO está generando una situación de riesgo, donde las colisiones podrían desencadenar una cascada de eventos que harían inviable el acceso al espacio cercano a la Tierra.
El problema radica en el fenómeno conocido como «síndrome de Kessler», propuesto por el científico Donald Kessler en 1978. Este síndrome describe una situación en la que la densidad de objetos en órbita es tan alta que las colisiones entre ellos se vuelven inevitables. Cada colisión genera más desechos, aumentando la probabilidad de nuevas colisiones en un ciclo auto-reforzante.
Actualmente, se estima que hay más de 30,000 objetos rastreados en LEO, incluyendo satélites operativos, satélites inactivos y fragmentos de desechos espaciales. La proliferación de constelaciones de satélites de baja órbita, como Starlink de SpaceX, ha exacerbado la situación, incrementando significativamente el riesgo de colisiones.
Si se llegara a producir una cascada de colisiones, las consecuencias serían devastadoras. La órbita terrestre baja se volvería demasiado peligrosa para operar satélites, afectando a servicios esenciales como las comunicaciones, la navegación GPS, la observación de la Tierra y la investigación científica. La recuperación de la órbita podría llevar décadas, o incluso siglos.
Los expertos enfatizan la necesidad urgente de implementar medidas para mitigar el riesgo, incluyendo la eliminación activa de desechos espaciales, el diseño de satélites con mayor capacidad de supervivencia y la adopción de protocolos más estrictos para evitar colisiones.
