El Chelsea Flower Show, uno de los eventos más prestigiosos del mundo en jardinería, se ha convertido este año en el escenario de un debate apasionante: ¿hasta qué punto la inteligencia artificial puede —o debería— influir en el diseño de jardines? Mientras algunos diseñadores abrazan las herramientas digitales como aliadas para optimizar procesos, otros defienden que la esencia creativa del oficio sigue siendo irremplazable.
La creatividad humana vs. El algoritmo
El diseñador Andrew Duff, reconocido por su trabajo en proyectos internacionales, fue claro al respecto: *»La IA no puede reemplazar la creatividad ni la experiencia de un diseñador de jardines»*. Para Duff, herramientas como la inteligencia artificial pueden asistir en tareas repetitivas —como cálculos de proporciones o simulaciones climáticas—, pero es el toque humano el que transforma un espacio en una obra de arte. *»Un jardín no es solo funcional; es una extensión de la emoción y la memoria de quienes lo habitan»*, añadió.
El debate cobró fuerza durante la exposición, donde algunos stands incorporaron diseños generados con ayuda de algoritmos, mientras otros optaron por técnicas tradicionales. La tensión entre innovación y tradición quedó reflejada en declaraciones como las del equipo detrás de un jardín australiano que destacó por su uso de la pata de kangaroo (Anigozanthos), una planta icónica de Australia que, según sus creadores, encarna la belleza orgánica que solo la naturaleza —y el ojo humano— pueden capturar.
Nuevos aliados digitales
No todo es conflicto. La plataforma Spacelift, especializada en diseño de jardines, anunció una alianza con la firma Hillier, para integrar herramientas digitales que ayuden a visualizar proyectos en 3D y calcular el impacto ambiental de cada elección de planta. *»No se trata de elegir entre lo antiguo y lo nuevo, sino de encontrar un equilibrio»*, explicó un portavoz de la plataforma, quien destacó que estas tecnologías permiten a los diseñadores experimentar con combinaciones que antes eran inviables.
Lecciones del pasado
Mientras la tecnología avanza, algunos expertos recurren a la sabiduría de generaciones pasadas para recordar que los jardines más memorables nacen de principios atemporales. Un artículo reciente en The Conversation recordaba seis estrategias históricas para diseñar jardines sin depender de la tecnología: desde la observación de los patrones naturales hasta el uso de materiales locales. *»El mejor diseño es aquel que respeta el entorno y las necesidades de quienes lo usarán»*, señalaba el texto, una filosofía que parece ganar fuerza en un momento en que la IA promete eficiencia, pero no necesariamente conexión.

¿El futuro de los jardines? Quizás sea un híbrido: donde la precisión de los algoritmos se combine con la sensibilidad humana para crear espacios que sean, ante todo, vivos.
¿Tú qué opinas? ¿La IA es una amenaza o una aliada para el diseño de jardines? Comparte tu perspectiva en los comentarios.
